#MuestraSyfy: la telequinesis en algo muy serio

El segundo día de la 13 Muestra Syfy nos aguarda más sorpresas de las que cabe esperar. Y no por el gran cine que veremos. Sino porque uno nunca sabe cómo termina en un bar de heavys metaleros de Malasaña. Quizás debería empezar a saberlo…

Bueno, es sábado. Luce el sol y el aire, a pesar de ser el de Gran Vía, es fresco y limpio. Menos mal que a veces llueve. Madrid ya da bastante asco de respirar. No hay demasiada cola para la primera película del día, y eso que dentro de la sala nos aguarda una de las sorpresas más gratas de la Muestra de este año: The Piper.

Se trata de una película surcoreana que adapta la leyenda alemana del flautista de Hamelín trasladando la acción a un pueblo rural aislado después de la Guerra de Corea. Sorprende, pues, que el público no acudiese en masa. Coreanos, leyendas de los Hermanos Grimm, ratas asesinas y venganzas aseguradas. Enserio… ¿Qué puede salir mal?

Pues nada: una puesta en escena exquisita, unas actuaciones solventes, un desarrollo ejemplar de in crescendo de tensión y una capacidad para crear situaciones icónicas de aquellas que se te tatúan en las retinas convierten a The Piper en una película ciertamente poderosa. Puede que algunos desmanes narrativos que llevan aparejados la exageración o el flashback lacrimoso pesen sobre un conjunto total que intenta una y otra vez alcanzar cuotas de un drama que le viene grande, pero estos defectos se presentan como mero maquillaje accesorio.

The Piper hace gala de una madurez en su escritura que convierte un cuento de raíces europeas en una más que plausible historia de venganza típicamente surcoreana. Sin, por abrazar lo tétrico, abandonar el tono de fábula y cuento infantil. Un ejercicio de adaptación con personalidad propia ciertamente cautivador.

2015 - The Piper (still 4)

Excitados por el Hamelín surcoreano, hablamos por los codos en la cola antes de entrar al bajón extremo que significó la segunda sesión. Y no pintaba mal. Listening cuenta la historia de unos estudiantes que consiguen construir una máquina que conectada a dos cerebros, es capaz de leer la mente. Qué pena. Qué auténtica pena produce ver como se destruyen, a base de decisiones totalmente desequilibradas, premisas de lo más interesantes.

Listening es un constante desmán narrativo absolutamente demencial en su uso de los clichés del género. Desde un retrato realmente vejatorio de la mujer como objeto sexual manipulable y manipulador, hasta un forzado ejercicio de drama en sus justificaciones de amistad rota o ruptura matrimonial. Nada cuaja, nada se desarrolla con un la suficiente solvencia como para justificar su falta total de credibilidad. Por no hablar del uso, abusivo y mareante, de una puesta en escena y un uso del color que terminan por poner de los nervios a cualquier espectador.

Cómo podéis ver yo no utilizo filtros de color

Cómo podéis ver yo no utilizo filtros de color

Menos mal que aún quedaba otra sorpresa: The Mind’s Eye, una suerte de Scanners pasado de rosca que hizo las delicias de los que queríamos superar el trauma de Listening. El poder de la mente volvía a ser el protagonista, pero esta vez, sin tomarse en serio a sí mismo. Conociendo profundamente el juego de la serie b con un público sediento de carisma y sangre a borbotones.

The Mind’s Eye es una absoluta locura desde el principio: su primer fotograma es un cartel explicativo que nos dice que esta película se tiene que visualizar con el sonido lo más fuerte posible. Pasado el aviso, nos encontramos con una historia ambientada en un tiempo fronterizo a la era digital, en la que una institución pretende ayudar a personas con capacidades telequinéticas, se convertirá en una prisión de torturas de la que los protagonistas querrán escapar. Un constante descenso a los infiernos de la telequinesis (no sé qué quiero decir con eso) cada vez más excesivo, desmesurado y, si, simpático.

The Mind's Eye 2

Los aplausos y las risas con duelos de miradas al más puro estilo Cronenberg, con efectos de sonido trillados, con gore a cascoporro y cabezas reventadas, deciden por mayoría absoluta que The Mind’s Eye es una película tan loca como efectiva y asequible a cualquier fan de thriller de ciencia-ficción y terror gore. Muy gore.

La siguió Bone Tomahawk, probablemente una de las mejores películas de la Muestra Syfy. Un western acojonante que mezcla el marco de representación de un oeste de vaqueros harto de sí mismo con elementos de road movie e indios caníbales. Una propuesta realmente original y alabable.

Pena que un servidor ya hubiese visto la película, y pena que surgiese un plan alternativo de “ir a tomar algo” en un bar irlandés de Malasaña. Pena que se me fuera de las manos totalmente la noche entre cervezas, charlas sobre la posible plurinacionalidad española, lo interesante de visitar El Valle de los Caídos y los problemas de identificación de la generación “Y” para con los milennials y demás  fascinantes temas que no vienen al caso en una crónica de festival. No obstante, soy incapaz de recordar en qué momento fue una buena idea un chupito de absenta de ochenta grados (esto lo supe después). La culpa fue del cha cha chá.

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