J.J. no eres tú, soy yo

O: ¿Por qué no me ha entusiasmado Star Wars: El despertar de la Fuerza?

Demasiado hype, demasiado márketing, demasiado Star Wars en los mupis, en los tranvías, en las paredes del metro, en los taxis, en la tele, en la radio, revistas, cualquier web, demasiados cacharros, juguetitos, legos molones (los amo), tazas, posters y cosas muchísimo más locas. Pero llega el día y te plantas en la sala. Llevas un botellín de beefeater en la chaqueta y has comprado una schweppes: esto no puede ir mal…

Y te sientas dispuesto a flipar. A llorar de culminación de años y años de frikismo.

Pero pasan los 135 minutos de historias en una galaxia muy, muy lejana y Star Wars: El despertar de la Fuerza funde a negro. Te tocas el pecho y buscas esa emoción que esperabas sentir. Y no la encuentras.

Halcón milenario

Pasan los días.  Vas a votar y después resulta que España sigue ingobernable y vuelves a tu casa, lejos del ruido de Madrid. Muy lejos. Y piensas que tal vez te equivocaste y que le tienes que dar otra oportunidad. A Star Wars, no a las elecciones. O también.

Tus amigos van viéndola y la puntúan en FA y tú miras con sorpresa lo altas que son sus notas. Y te decides: la vuelves a ver. Esta vez sin ebriedad, con más colegas, doblada al castellano y en 3D. Sí, en 3D. Pero al terminar sigues sin encontrar nada en tu pecho. Igual, piensas, tienes algo roto. Y mientras a tu alrededor crecen las opiniones favorables (o estratosféricas) tú notas el peso de la espiral del silencio y maldices a Noelle-Neumann. ¿Por qué no me ha entusiasmado Star Wars: El despertar de la Fuerza? ¿J.J. Abrams, qué has hecho conmigo?

J.J, ahí va mi primera confesión: me gustan todas las películas de Star Wars. Todas. Al contrario que la extraña corriente actual de odiar las precuelas de Star Wars (de la que la campaña de promoción de El despertar de la Fuerza es en gran medida responsable) los episodios I, II y III de Star Wars forman parte de mi niñez cinéfila. Yo, como Mason en Boyhood, tenía encendidas conversaciones sobre qué jedi vencería a qué otro, porqué Yoda molaba tanto y qué sería de Star Wars en el futuro (con profética declaración incluida). Las precuelas me enseñaron que Star Wars era más que Luke y sus tribulaciones: era toda una galaxia de personajes secundarios y subtramas políticas que hacían hincapié en la dificultad de gobernar una galaxia y la complejidad de especies y voluntades. Y sí, el paso hacia la digitalización del universo warsie fue entendido en mi mente como una razonable actualización del mito adecuada a los tiempos que corrían. Aunque ahora la hipervirtualización de los efectos especiales tienda hacia una menor presencia de CGI en pos del verismo, en su momento, el exceso era la norma y a mí no me preocupó ni me molestó. De hecho, ver virtualizado a Yoda demostrando su afirmación de que el lado oscuro no era más poderoso sino más fácil y bajándole los humos al Conde Dooku, sigue siendo uno de mis momentos favoritos de la saga. Y no, no odio profundamente a Jar Jar Binks.

jar jar

Aceptar como un dogma que aquellas tres películas, por defectos que tuvieran, hoy son malas y no representan “lo verdaderamente bueno” del universo de Star Wars me resulta extraño. Por no decir una estupidez. Star Wars: El despertar de la Fuerza obvia completamente todo aquello que formó parte de mi primer contacto con el mundo de Lucas: negando las virtudes de una saga que formaba parte de la vida de muchísimos jóvenes que se engancharon más tarde que los adoradores de los episodios IV, V Y VI. Y cuando digo que los obvia completamente es completamente. Si vas a ver El despertar de la Fuerza sin haber visto las tres precuelas, entiendes perfectamente cada guiño, chiste y easter-egg. Todo.

J.J. no eres tú, supongo que soy que con siete años flipaba con Darth Maul, que con diez años ya estaba enamorado de Padmé y que con trece entendí que la batalla de Mustafar formaría parte de mi memoria cinéfila ever. Qué le voy a hacer.

Pero es cierto que ahora no tengo trece años, sino veintitrés. ¿Puede El despertar de la Fuerza gustarme menos por mi edad? Esto es una soberana chorrada pero no, de hecho, el cine no tiene edad y el que la tiene suele ser el que más pronto se olvida. Lo que sí que tiene edad es la cinefilia. La educación de la mirada basada en un proceso interior e intransferible de crecimiento personal y autodidactismo que todos hacemos a nuestra manera.

©Lucasfilm 2015

Ésta, J.J. tampoco es culpa tuya. Sino, quiero suponer, mía. Lo que pasa es que ésta también endurece lo que antes era genial, relativiza la originalidad y busca cosas distintas en la pantalla. Y hace que veas los límites a la narrativa que El despertar de la Fuerza se empeña en seguir como si fuese el único camino posible. Te hace pensar en el límite entre el homenaje y la copia: si éste no intenta esconder una falta de creatividad que adolece del cumplimiento extremo de los preceptos del fan “de verdad”. Como si hubiese fans de segunda. Pero al final resulta que todo va de un droide que lleva información vital para la galaxia. Que Tatooine ahora se llama Jakku, que Endor se llama Takodana, Hoth ya no es un planeta sino una Estrella de la Muerte 2.0 llamada Starkiller; muchísimo más grande que aquella y que ahora tiene capacidad para eliminar varios planetas de un plumazo. Pero tranquilos que ahí está el Almirante Ackbar y hasta Nien Nunb para ayudar. Y al final todo consiste en destruir el escudo de la base enemiga mientras unos jedis resuelven sus problemas a base de sable láser. Vamos, como siempre.

The Force Awakens

Este “como siempre” define el espíritu de lo que van a ser las nuevas entregas de Star Wars. Aunque esconde hábilmente el hecho de que la mayoría de interrogantes que se planteaba que la nueva entrega iba a solucionar siguen en el aire dejando claro que, ante todo, esto va de hacer dinero. Pero de hacerlo bien. Y es que, J.J. no eres tú, soy yo. Que no puedo negar las virtudes de El despertar de la Fuerza, que las tiene a puñados, pero no encuentro en ella ese placer que Star Wars provocaba en mi hace no tantos años. El último episodio de Star Wars es una entretenidísima película de aventuras a mi parecer tan buena como el resto. Pero tampoco es ni más ni menos que eso. Que es lo que “siempre” ha sido Star Wars: aventuras espaciales de momentos épicos y problemas paternofiliales. ¿O era algo más? Yo ya no sé que pensar.

Por: @FrancescMiro

Bola extra:

Galería de pósters olternativos de Star Wars: El despertar de la Fuerza

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