Show me a hero: la serie del año

“Que se joda el espectador medio”
David Simon dixit.

El creador de The Wire ha vuelto. Y está vez de la mano del director de la oscarizada Crash (Paul Haggis, 2004), para ofrecernos un producto único por su mirada crítica, su calado social y su certera mirada. Reflexionemos.

No sé si podemos seguir sosteniendo con argumentos de peso aquello de la rivalidad entre la pantalla grande y la pequeña pantalla. Cierto es que años de paternalismo de la primera hacia la segunda han marcado una concepción grandilocuente que suponía una barrera sólida de calidad entre ellas. Sin embargo, ahora que empieza a cambiar, se nos va la lengua asegurando que el mejor cine se hace ahora en televisión.

Ni lo uno ni lo otro. Durante años el serial televisivo no era el medio más adecuado para contar historias serias condicionadas por la publicidad. Hoy, no obstante, discutir la calidad de la gramática serial originaria del cine es un sinsentido cuando nos enfrentamos a obras como la que nos ocupa. ¿Show me a hero es una película de 365 minutos? ¿Una miniserie de seis episodios? Qué más da: es una obra maestra.

En Show me a Hero es 1987 en la ciudad de Yonkers, Estado de Nueva York. Una sentencia judicial dicta la construcción de 200 viviendas sociales en el barrio blanco de la ciudad. Los vecinos de la zona más pudiente se muestran contrarios a la construcción de dichas viviendas. El alcalde, Nick Wasicsko, será el único político del ayuntamiento partidario de cumplir la ley, ante la amenaza de desacato, bancarrota y despidos de funcionarios. Su decisión de defender la construcción de las viviendas sociales cambiará su vida y la vida de muchos habitantes de la ciudad.

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Décadas de una teleficción construida de arriba abajo, narrada por élites de consabido poder, alimentaron una crónica alterada de la realidad americana.

Un gran Oscar Isaac interpreta al alcalde: un personaje que, junto a un poliédrico retrato de la sociedad americana de finales de los ochenta, representa un mito americano arraigado en la psique estadounidense. Décadas de una teleficción construida de arriba abajo, narrada por élites de consabido poder alimentaron una crónica alterada de la realidad americana. Eran entidades corporativas destinadas a sosegar al mayor número de espectadores posible infundiéndoles la idea de un futuro mejor construido con sus esfuerzo y sudor. “Durante años la televisión no ha tenido otro objeto que el de vender. Pero no vender historias, sino las pausas entre historias. Y, por lo tanto, se ha emitido poca programación que pudiera interferir con la misión de tranquilizar a los telespectadores, respecto a su rol de consumidores agradecidos.” aseguraba el propio David Simon.

Esta teleficción optimista se vino abajo cuando el imaginario de las grandes series contemporáneas puso el dedo en la llaga. The Wire contribuyó, junto a muchas otras obras magnas de la pequeña pantalla a crear un nuevo imaginario más autocrítico y reflexivo. Dentro de esos relatos colectivos adornados de verdades elementales y sacrificios nacionales creció un repertorio de representaciones, evidencias y supuestos sociales que con el tiempo ha acabado calando.

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Show me a hero arranca como una ficción posterior a la crítica del mito para ir más allá. El mismo David Simon decía que “la proclama del logro individual excluyendo toda responsabilidad social valida la riqueza o el éxito amasado por los más sabios y afortunados de entre nosotros”. En esta ocasión los más sabios de entre nosotros serán crucificados en pos de la voluntad del vulgo. Y en su historia, aquellos que han jugado bien sus cartas y viven en barrios bien con casas bien, serán a su vez los principales dinamitadores de los resotres del estado del bienestar y la universalidad e igualdad de derechos fundamentales.

En Show me a Hero aquellos que se han hecho a sí mismos a sido a costa de los demás. Y aquellos que se preocupan por los demás como defensores de una sociedad justa y libre, no llegarán lejos. Dos mitos de un tiro.

Además el hombre blanco no aceptará al hombre negro como vecino ni mucho menos como igual. La integración racial, eso que teniendo un presidente negro ya se considera superado, es tirado por los suelos por Simon y Haggis. ¿Ya van tres mitos? Aquí ya no sirven. Ni hombres hechos a sí mismos, ni igualdad, ni libertad. Todo eso son cuentos chinos.

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En Show me a Hero mitos fundacionales como la justicia universal, el éxito conseguido con esfuerzo y la integración racial, no son más que cuentos chinos.

En la tercera temporada de The Wire, un personaje le decía a un expresidiario harto de cortar el césped de los chalets de blancos: “¿Qué te esperabas? No hay recompensa por no joder tu vida. Esto es así y punto. Te dolerá la espalda, hará calor y estarás jodido. Pero sabrás que estás en el buen camino” (The Wire 3×04).

Esta idea, “no hay recompensa por no joder tu vida”, está en el adn mismo de Show me a Hero. No hay recompensa por hacer lo que debes, por seguir en el buen camino. Wasisko es consciente de que es el único que hace lo correcto pero cometerá el error de todo héroe: esperará una recompensa por hacer las cosas bien. Como todo buen drama shakesperiano. Ya lo dijo Scott Fitzgerald (de ahí el nombre de la serie): “Muéstrame un héroe y te escribiré una tragedia”. Y Show me a hero es una tragedia shakesperiana de las buenas, complejas, grandes y contemporáneas. Algo único y genial. Un tiro cruel a una sociedad americana levantada sobre falsos mitos.

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Por: @FrancescMiro

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