#EspecialBond: Quantum of Solace

Y con Quantum of Solace llegó el descalabro. Ante el inminente estreno de Spectre, la que puede ser la última incursión del James Bond de Daniel Craig, hemos decidido hacer un repaso de la última generación bondiana. Desde el Bond joven y certero de Casino Royale hasta el vetusto y falto de facultades de Skyfall. Van cuatro películas y casi diez años. Una generación de Bond que deja a la infinita saga en un punto muy alto de su aventura.

Una aventura ahora encumbrada. Pero cuando Sam Mendes recogió el guante de Marc Forster, éste había dejado la etapa Craig hecha unos zorros. Lo que había sido elegancia, acierto del equilibrio entre explosión y contención, pulsión narrativa, emoción… se esfumó de repente. Bond no era más que una excusa para una sucesión de escenas de acción que se precipitaban a cada minuto hacia un sinsentido que culmina con una bola de fuego en medio del desierto.

Especial Bond Quantum of Solace“En Quantum of Solace un Bond herido por la muerte de Vesper ejercía de desbocado ángel vengador”

Todo lo que en Casino Royale había funcionado: el malvado carismático, la femme fatale y la elegancia del hostión puro y duro… tenía un objetivo y respondía a un camino que seguir: reformular el mito Bond como héroe trágico. Recogiendo el testigo, Quantum of Solace arrancaba desde el minuto que terminara Casino Royale: con un Bond herido por la muerte de Vesper Lynd, que ejercía de desbocado ángel vengador. En algún momento alguien erró la dirección de la saga.

El malvado de la función no era otro que Mathieu Amalric, un vulgar traficante de acento francés falto de carisma que se la jugaba a un Fernando Guillén Cuervo quién a día de hoy no sabemos muy bien qué hacía en el rodaje de esa película. Tal vez se coló en la fiesta de inicio de rodaje y lo tomaron como un figurante más. Ni que decir de las mujeres: unas preciosas Gemma Arterton y Olga Kurylenko que vivían para ser asesinadas y asesinar respectivamente. Amén de la estelar aportación de la hija de Geraldine, Oona Chaplin, que (literalmente): aparece es violada y desaparece.

Aunque entretenida, Quantum of Solace no cuadraba en la estela que Casino Royale había iniciado. El Bond que vimos en la primera entrega no era este. La saga Bourne había tocado a su fin un año antes, y Marc Forster no estuvo a la altura de plantar cara al nuevo ejemplo de action-hero. Aceptó ser un producto menos trabajado, menos complejo y menos efectivo. Y estábamos delante de nada menos que James Bond.

Forster reducía todo lo icónico de la mitología bondiana a mera anécdota para la acción desenfrenada

Una entrega que reducía todo lo icónico a mera anécdota. Como dice Umberto Eco, sesenta años después de la publicación de la primera novela, Bond ciertamente es el personaje más famoso que puede asociarse a un Martini. A eso redujo Forster al mejor agente secreto de todos los tiempos. ¿Qué mejor forma de celebrar este estreno que alzar nuestra copa? Pues, con Quantum of Solace, querremos olvidar, beber y celebrar que la saga no terminaba aquí.

Menos mal que aún quedaba Skyfall para redimir y alzar el vuelo. Sólo tardaríamos cuatro largo años en presenciar un renacer tan memorable como el que nos proporcionó en 2012 Sam Mendes.

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