VIDA DE UN FAN DE LOS SIMPSON

No vale la pena mencionar que en Macguffilms somos grandes fans de Los Simpson teniendo en cuenta que en nuestra penúltima entrada publicada utilizábamos una foto de una turba encolerizada del pueblo de Springfield para exponer nuestro enfado delante de las continuas decepciones que proporcionan las cintas más recientes de M. Night Shyamalan. Sin embargo, analizando lo mucho que nos ha dado esta portentosa serie creemos que sí que merece la pena hacer un esfuerzo para calibrar hasta qué punto la familia más famosa de Estados Unidos ha influido en nuestras vidas.

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Solo en Antena 3 y según Wikipedia, la sitcom entera se ha emitido alrededor de veinte veces y siempre con buenos índices de audiencia, es imposible que con tantos visionados Homer y compañía no hayan hecho mella en el inconsciente colectivo. Los Simpson han enseñado a sus espectadores no solo algunos de los mejores gags de la historia sino también una gran cantidad de datos artísticos y culturales. Sin duda alguna, se han establecido como una institución prácticamente equiparable a una religión (y que de hecho cuenta con más devotos que muchas creencias). Dejémoslo bien claro de una vez, Stephen Hawking no es una de las mentes más brillantes del planeta sino un secundario fantástico de la serie. ¿Y de verdad hay alguien entre los aproximadamente siete millones de personas del mundo (incluyendo los recién nacidos) que cuando escucha la canción “Oh Yeah” del grupo Yello no piensa en Duffman?

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Empecemos por lo que nos toca: el cine. Ya casi es un tópico en las páginas especializadas en el tema publicar algún artículo en el que se expongan las mejores referencias cinéfilas de Los Simpson. Y lo mejor de todo es que siempre son interesantes, debido a que conforme pasa el tiempo nuestro bagaje cultural va aumentando y con ello las posibilidades de captar los homenajes cinematográficos de la serie. Todos hemos empezado riéndonos de las parodias de Drácula de Bram Stoker (1992), El resplandor (1980) y muchas otras películas en los especiales de Halloween, pero cuánto tiempo nos ha costado darnos cuenta de que la seducción culinaria entre el abuelo Simpson y su novia Bea Simmons, la que le deja una herencia de más de cien mil dólares, es un homenaje a Tom Jones (1963). En cualquier caso, el mayor mérito de la serie en este aspecto es el haber podido absorber iconos cinematográficos y hacerlos suyos ya sea a través de capítulos dedicados a alguna cinta en concreto, como el soberbio episodio que sigue casi al dedillo Ciudadano Kane (1941), o igualando el legado de un personaje como el actor secundario Bob al de la figura ya mítica de Robert De Niro en El cabo del miedo (1991).

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En cuanto a la música, cabe decir que como melómanos aún le debemos más a Los Simpson que como cinéfilos debido a que nuestro apetito cinematográfico nos mantiene en constante búsqueda de películas pero existen muchas canciones a las que probablemente no hubiésemos llegado de no ser por la serie. Uno de los comentarios de Youtube más repetidos en los videos de canciones es ” the Simpsons brought me here”, ya que ha sido gracias a los viajes porreros de Homer el que conozcamos “Wear Your Love Like Heaven” de Donovan y debido a las travesuras de Bart en la iglesia del Reverendo Lovejoy el que hayamos descubierto “In-A-Gadda-Da-Vida” de Iron Butterfly, solo por poner unos pocos ejemplos. Aparte, ha tenido que pasar bastante tiempo para que nos hayamos dado cuenta de que algunos de nuestros grupos favoritos como Red Hot Chili Peppers o U2 ya habían visitado el bar de Moe antes que nuestras listas de reproducción.

Pero ya centrándonos en los contenidos propios de la serie hay que señalar que no existe día ni conversación en el que no se saque a colación al menos una referencia a Los Simpson. Solo es necesario que alguien señale que no come carne y ya habrá varios candidatos para ser los primeros en autoproclamarse veganos de nivel cinco, que no comen nada que produzca sombra. Si además por alguna razón ese tipo es muy rico, no estará de más recordarle que “tendrá todo el dinero del mundo, pero hay algo que nunca podrá comprar… un dinosaurio”. Tratará de cambiar de tema porque se sentirá afectado pero nosotros volveremos a ello con la consigna “¡a lo de la pasta!”. Nos ponemos protestones y reivindicativos y gritamos “¡quiero mi bocadillo! ¡Quiero mi bocadillo!”.

Nos entra hambre y vamos a un local en el que no tienen nada por lo que nos burlamos del gerente diciéndole “solo khlav kalash”. Tratamos de divertirnos y alguien parodia (siempre respetuosamente) a un homosexual sin dejar de repetir, con un acento peculiar, “¡pasooooooo, que voy ardiendooooooo!” pero viene el pesado de turno y toca ignorarle girándose hacia un compañero para decirle “Marge, ¿qué opinas de la macroeconomía?”. Recordamos nuestra etapa en el instituto y nos viene a la mente una tabla periódica en la que inevitablemente buscamos “el peso atómico del salchichonio”, y si alguien menciona las clases de lengua siempre pensamos en que no se dice “nuclear” sino “nucelar”, ni “caldo” sino “caldó”. La conversación se estanca y alguien dice una parida descontextualizada por lo que agradecemos que otra persona le insulte imitándole con un “yo me llamo Ralph”.

Está claro que la tarde está decayendo, toca comprar al menos “un sexteto cervecil”. Con el alcohol vienen las apuestas estúpidas que no tienen una negativa como respuesta sino un “eso sería deshonrar a mis padres y a mis Dioses pero vale”. La jugada consiste en romper un extintor pero estamos borrachos, la jodemos, empieza a arder y no se nos ocurre otra cosa que decir que “¿inflamable significa flamable? ¡Qué país!”. Y ya con los últimos delirios etílicos alucinamos una nave extraterrestre de la que no sabemos escabullirnos de otra forma que suplicando: “¡por favor, no me comáis! Tengo mujer e hijos ¡Comeros a ellos!”.

Ese es un día perfecto para el perfecto fan de Los Simpson. Pero no todo ha sido siempre tan fácil. Ha habido una época en la que los fans de la serie hemos tenido que luchar, a veces unos contra otros, por un acontecimiento que nos superaba a todos. Hablamos, claro, del estreno de Padre de familia de Seth MacFarlane. Mientras unos no podíamos ni comparar los magníficos gags de Homer con los flashbacks arbitrarios y metidos con calzador de Peter Griffin, otros aseguraban que el pueblo de Quahog suponía un buen relevo para Springfield, que sin duda ya llevaba mucho tiempo en antena… ¡SACRILEGIO! Afortunadamente, las diferencias entre ambos grupos han terminado suavizándose y ya se puede por fin ser fan de las dos series al mismo tiempo, e incluso afirmar que los nuevos episodios de la serie de MacFarlane son más graciosos que los de la sitcom de Matt Groening (por no hablar de South Park, de Trey Parker y Matt Stone, que bien merece un artículo aparte).

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En resumidas cuentas y según nuestro fanático criterio, Los Simpson son la gran enciclopedia de finales del s. XX y principios del s. XXI. Es la patria audiovisual de nuestra generación y cuando sentimos nostalgia no hojeamos un álbum de fotos sino que vemos un episodio de la serie. Los Simpson no imitan ni representan nuestra vida sino que nuestra vida siempre es susceptible de imitar a Los Simpson.

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