Tomorrowland: el mundo del mañana

El estreno de Tomorrowland, película rodada parcialmente en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, menos de una semana después de que la izquierda haya dominado las elecciones a la alcaldía de la ciudad, y en general en todo el país, ha dado un valor añadido a la cinta futurista. Ahora el film parece (aunque no lo es) una suerte de última alabanza u homenaje final al gobierno de la derecha popular representado por las faraónicas obras diseñadas por Calatrava (construcciones que, por cierto, fueron iniciadas durante el periodo socialista de Joan Lerma en la Generalitat, 1982-1995). Lo gracioso es que los edificios aparecen con dos formas opuestas a lo largo de la película, con un esplendor reluciente y en plena decadencia, y la segunda opción es la única que no ha sido retocada por los efectos especiales.

Frank Walker (George Clooney, links) & David Nix (Hugh Laurie, rechts)

A pesar de algún cliché sobadísimo, Tomorrowland ofrece algunas transgresiones interesantes

Quitando esta anécdota puramente valenciana, Tomorrowland, dirigida por el responsable de obras maestras como Los increíbles (2004) y Ratatouille (2007), debería resultar igual de atractiva para los espectadores de todo el mundo. El relato gira alrededor de una joven preocupada por los problemas del planeta, a la que la adquisición de un pin poderoso le encarrila hacia una misión cuyo último fin es salvar la humanidad. Los géneros de ciencia ficción y aventuras se dan de la mano una vez más para erigir esta historia eminentemente disneyana.

Pero a pesar de los evidentes límites de su productora, y de algún que otro cliché sobadísimo, el film ofrece algunas transgresiones interesantes, muchas de ellas mínimas como la aparición de un poco de sangre, pero otras sorprendentes como un accidente automovilístico verdaderamente chocante o la forma en la que se juega con la figura de George Clooney, un actor con fama de exitoso mujeriego que interpreta a un científico desencantado y obsesionado con un amor infantil (!). Sin embargo, el elemento más valioso de este largometraje futurista es su postura inflexible contra el pesimismo inútil, un mensaje que critica abiertamente a aquellos que siempre se están quejando pero no hacen nada para solucionar sus problemas.

tomorrowland el mundo del mañana  3

El elemento más valioso de este largometraje futurista es su postura inflexible contra el pesimismo inútil

En conjunto, puede que Tomorrowland se acerque un poco más al último trabajo de su director, Misión imposible: Protocolo fantasma (2011), que a sus visionarias creaciones para Pixar, pero eso no impide que sea un entretenimiento muy digno.

Lo mejor: La validez de su discurso.

Lo peor: El infantilismo del inicio y el descarado product placement.

Por: Carles Gómez

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