CALVARY

Lamentable y previsiblemente, el estreno de la nueva película de John Michael McDonagh, hermano del genio responsable de Escondidos en Brujas (2008) y Siete psicópatas (2012), no se ha publicitado del mismo modo que otros posibles éxitos de taquilla infinitamente más discutibles. Por eso resulta fácil de adivinar que quien termine viéndola será porque la ha buscado y no porque la ha encontrado. La razón más factible que justifica esta búsqueda es, probablemente, el feliz recuerdo de la primera y notable obra del director, El irlandés (2011), con la que su nuevo filme comparte al actor protagonista, algunos secundarios, intereses comunes y su humor negro.

Exponemos toda esta “deducción” para hacerle una advertencia al hipotético espectador del que hablamos: no vaya a ver Calvary pensando que va a hallar una versión eclesiástica de la anterior comedia de su artífice. Esta nueva cinta es un drama existencial que no puede evitar en algunos momentos el sustrato cómico de la tragedia que cuenta.

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La trama gira entorno a la semana que vive un honrado sacerdote después de que uno de sus feligreses le haya amenazado de muerte. Lo que podría haber derivado en una rutinaria investigación sobre la identidad o los intereses del futuro asesino huye completamente de los recursos fáciles al centrarse en las inquietudes del párroco y su rebaño. Personaje tras personaje va añadiendo complejidad a las relaciones desgranadas en la película e incluso cuando algún atisbo de un cliché asoma por la pantalla, el director es el primero en hacerse curiosas críticas metanarrativas en directo.

Evidentemente, gran parte del peso del filme cae sobre Brendan Gleeson, que demuestra por enésima vez ser una presencia indispensable del cine actual. La cámara se centra en el estudio de su rostro durante todo el metraje y el actor se lo recompensa con una infinidad de matices expresivos. La otra figura protagonista de la historia son los paisajes irlandeses en los que se sitúa. Playas, laderas y montañas de gran belleza que entroncan paradójicamente con el espíritu turbado del clérigo.

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Calvary es una cinta de tempo bastante moroso que exige un visionado atento y reflexivo. Sus brillantes y divertidos diálogos solo son la única forma que tienen los personajes de expresar sus almas torturadas.

 

Lo mejor: Se estrenan pocas películas tan interesantes en la actualidad.

Lo peor: Que pueda decepcionar a quien espere otra cosa.

Por: Carles Gómez

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