El libro de la vida: celebración de la muerte

La muerte, como parte esencial de la vida, es y ha sido un elemento esencialmente perturbador cuando ha sido utilizado en el cine de animación. Superados hoy los traumas que provocaron a más de uno (me incluyo) aquellas muertes de Mufasa y otras criaturas del imaginario infantil, la muerte como tal, sigue siendo en la animación un elemento cargado de dramatismo o elemento catalizador de la tragedia (y parte del tan consabido consiguiente giro final que la anula).

Incluso en el cine de la figura que más ha estetizado el inframundo y su belleza intrínseca, el de Tim Burton, la muerte es en última instancia una pieza argumental contrapuesta al happy end. La novia cadáver, aun siendo adorable, era la causa de la infelicidad del protagonista. Ni que hablar de la que lía Víctor por no aceptar el fallecimiento de su adorado perro.

Es pues, en primera instancia, digna de alabar la celebración (porque no es otra cosa) de la unión entre vida y muerte que “El libro de la vida” propone desde que arranca. Una visión inéditamente dichosa sobre el más allá llena de color, cabalgatas, bailes, party everyday y churros.

Bien es cierto que la película tarda en coger ritmo y adolece de una (por otro lado necesaria) subtrama amorosa llena de tópicos. También que la previsibilidad de su narración hace saltar las costuras de lo que resulta un desarrollo un tanto confuso.

Pero incluso éstos son dinamitados a conciencia por una película tan sabedora de sus limitaciones como de la eficacia de un detalle subversivo. No hay más que mirar la declaración de intenciones María cuando le “explican” en qué consiste una mujer casada. O la inserción con el envoltorio de un mensaje tan reciclado como el “sé tu mismo” algo tan genial como una declaración antitaurina. Si, de veras.

Son tantas las virtudes de esta auténtica fiesta que es “El libro de la vida” que sus defectos los aceptarás con gusto. Como cuando te invitan a una fiesta en la que sabes que habrá alguien que no quieres ver, pero también barra libre.

Ni qué decir de una banda sonora de ritmo imparable y versiones de Radiohead o Munford and Sons, que querréis buscar al acabar la película. Y de un doblaje (en versión original con inteligente utilización de latinismos) acertadísimo en el que tienen cabida en la misma escena Danny Trejo y Plácido Domingo.

De una imaginería visual sin límites (hay escenas en las que no consigues ver dónde terminan los detalles) y un gusto exquisito por su uso de elementos culturales y étnicos, “El libro de la vida” es la más fresca película de animación de la temporada. Y eso que a mí me gustó Big Hero 6.

book of life

Lo mejor: su capacidad para el detalle (argumental y visual). Su feliz visión de la muerte.

Lo peor: lo cómoda que transita por caminos tópicos.

Por: @FrancescMiro

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s