Corazones de acero

La frase promocional rezaba “La guerra nunca termina en silencio”, algo poético pero simple que venía a resumir “Fury” (traducida no sé muy bien por qué como “Corazones de acero”): un in crescendo bélico no falto de encanto ni de explosiones.

Parece que David Ayer ha ido afianzando su buen hacer como director de cine de acción paso a paso. Empezó tras la cámara con dos experimentos encabezados por actores de mayor o menor renombre, mezclando el drama de la drogadicción y la dura vida de la periferia, con el thriller policíaco. Luego llegó su “confirmación” con “Sin Tregua”, una película de acción pura disfrazada de falso documental que poco tenía de factor humano pero algo sabía de desarrollo de la acción y crecimiento de la adrenalina. Poco hay que decir de “Sabotage“, en cambio.

Corazones de acero crítica

Por eso, el equilibrio que Ayer consigue entre la emotividad de personajes (cansinamente masculinos) y la acción bien rodada, resulta más agradable de lo esperado. Siendo como es, una correcta película de acción bélica que no cuenta con más músculo que mollera.

Sin huir del cliché, “Corazones de acero” consigue engatusar lo suficiente como para contarnos lo que ya sabemos: el nuevo que se gana la confianza del resto, el rudo y simple pero con corazón, el imponente jefe de la cuadrilla con secretos… Incluso pisando terrenos a veces sonrojantes; no negaremos que Michael Peña está ahí para hacer de hispano de turno y decir dos frases en español en el momento adecuado.

Brad Pitt Corazones de Acero

Tampoco negaremos que el conjunto pesa de tosco entre las repentinas escenas de acción y las calmas escenas íntimas y habladas. Y que en ellas los personajes revelan su pequeño pero suficiente prisma emocional a base de frases lapidarias y miradas intensas.

Con todo, “Corazones de acero” se vive más que se ve: se siente la narración como propia, se conecta rápido con las superficiales motivaciones de sus protagonistas y se vive una acción excelentemente rodada como si las balas pasaran a tu lado.

Es, quizá, la extrañeza que provoca el conjunto, lo que la convierte en un (otro) particular relato de la Segunda Guerra Mundial. Lo que la define como ligeramente diferente. Amén de presenciar batallas de tanques sobradamente imponentes.

Lo mejor: el trabajo de Roman Vasyanov a cargo de la fotografía.

Lo peor: parece que Brad Pitt está para apretar la mandíbula y ya.

Por: @FrancescMiro

 

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