BIRDMAN O LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA

Un lectura obvia de Birdman permite contemplarla como la necesaria esquela del cine de superhéroes en un año en el que cuatro de sus diez películas más taquilleras pertenecen al subgénero. No sólo por la participación en ella de Michael Keaton, primera versión del exitoso Batman ya en plena decadencia. También se añaden a la crítica la presencia de Edward Norton, la menos lograda interpretación contemporánea del personaje de Hulk, y Emma Stone, la chica de Spiderman en sus dos últimas entregas; figuras representativas de la más enervante estrategia mercantil del Hollywood actual: el reboot.

birdman crítica norton vs keaton

No obstante, la nueva película de Alejandro González Iñárritu es mucho más que eso. Con la evidente voluntad de reinventarse, el director mexicano ha abandonado la vena depresiva del resto de su filmografía para adoptar un punto de vista aparentemente opuesto, en forma de comedia negra alucinada. La historia de la que parte Birdman se centra en las dificultades que encuentra una antigua estrella de cine al hacer una adaptación teatral de la novela What We Talk About When We Talk About Love (1981) de Raymond Carver, cuyos relatos ya sirvieron de base en la notable Vidas cruzadas (Robert Altman, 1993).

Pero el giro radical que da el cineasta respecto a sus cintas anteriores no termina en la cuestión del género. Si bien tanto Amores Perros (2000) como 21 gramos (2003) e incluso Babel (2006) se caracterizaban por su estructura fragmentada, Birdman se edifica casi únicamente sobre un plano secuencia trucado. Una técnica que plasma visualmente el torrente de emociones que siente el actor protagonista ante el inminente estreno de su obra. Afortunadamente, son muy pocas las ocasiones en las que el experimento parece estar al servicio del virtuosismo estéril en vez de al de la historia, que se ve apoyada además por una banda sonora que mezcla de manera efectiva solos de batería con composiciones de músicos tan relevantes como Tchaikovsky, Mahler o Ravel.

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Sumándose a la corriente de filmes situados entre las bambalinas de un teatro, la película se convierte de este modo en una sinfonía de emociones en la que se tratan temas tan variados como la paternidad, la celebridad, la cultura popular, las redes sociales… Nada de esto llegaría a funcionar si no fuera por el increíble reparto que lo pone en escena. Desde el primero hasta el último de los actores y actrices implicados están perfectos en sus respectivos papeles. Y aunque la cinta gira en torno al soberbio Michael Keaton, todos sus compañeros tienen espacio para desarrollar en profundidad sus roles y entrelazar sus relaciones.

En definitiva, González Iñárritu ha hecho con Keaton lo que Darren Aronofsky hizo con Mickey Rourke en El luchador (2008), pero acertadamente no dejando que todo el peso de la película lo lleve el actor. Birdman es un esperado compendio de virtudes que en nada tiene que ver con la ignorancia.

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Lo mejor: la puesta en escena, el guion y todos los intérpretes.

Lo peor: el final no vuela tan alto como el resto de la película.

Por: Carles Gómez.

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