VII Festival La Cabina: en el mapa de los festivales de nivel

Terminada la séptima edición de La Cabina, queda claro que el mediometraje no es una categoría aparte. Marginados por la industria o no, la calidad que destila la selección de mediometrajes de La Cabina, y las colas en taquilla corroboran que gusta y que vale. Sé de lo que hablo. Aún a la espera de datos que confirmen el número de asistentes, la séptima edición se postula como la mejor de la historia de La Cabina. El cambio de sede, ahora en el templo cinéfilo valenciano (la Filmoteca, vamos), le ha sentado bien. Tan bien que ahora parece su estado natural, después de años vagando por distintas sedes.

Terminado el festival, el Palmarés salvó algunas de las películas que habían pasado desapercibidas y obvió totalmente otras que habían causado sensación. La cosa quedó así:

Mejor mediometraje: DESCONOCIDO (Namo, de Salah Salehi)

Premio del público: Taram Tarambola, de María Castillejo

Mejor dirección: (ex-aequo) Maciej Marczewski, por Juegos // Tanja Golić, por Por casualidad

Mejor guión: Tanja Golić por Por casualidad

Mejor actor: Vincent Krüger, por Sunny

Mejor actriz: Julia Kijowska, por Juegos

Mejor música: Ulysse Klotz, por Los niños

Mejor fotografía: Bern Effenberger, por En cierta habitación

Mención especial – Mejor dirección de arte: Julie Asskildt, por La tierra sobre el viento

Desconocido ganaba el premio a mejor mediometraje de manera concienzuda y digna. Que fuera el mejor de todos los que se rifaban el galardón, es cosa que habrá decidido el jurado. Que se merecía el premio es una decisión acertada y justa: se trata de drama sereno y profundo que toca distintos palos de la cultura iraní sin por ello pesar sobre el factor humano de la historia.

DESCONOCIDO (NAMO)_2

Dos hombres intentan enterrar un cuerpo de un hombre que se ha suicidado. Aunque pareciera que lo moralmente adecuado fuese darle una sepultura digna, los líderes religiosos de los distintos pueblos rurales se niegan a que un infiel (suicidarse es pecado) sea enterrado en su pueblo. Así, los dos hombres vagaran de pueblo en pueblo con el cuerpo de un hombre juzgado después de muerto. Aun así, “Desconocido” no se centra en la denuncia de la intransigencia religiosa: retrata la terca psicología de los hombres que han de enterrarle y retrata un paisaje que recuerda sobremanera al frío y seco pueblo de Winter Sleep.

El peso del paisaje es totalmente relativo. Depende de la importancia que quieras darle. Puede que el paisaje sea imaginario, como en “Juegos”, que le valió a su protagonista el premio a Mejor Actriz y se desarrolla enteramente en un ascensor. En éste, dos personajes que no se conocen, se quedan atrapados e incomunicados. Con el tiempo, deciden jugar a inventarse que se conocen, que han vivido una relación, que se han amado.

Juegos_Maciej Marczewski

Aguantando el ritmo y sin aburrir un ápice, “Juegos” explota bien sus recursos: las interpretaciones se vuelven más y más intensas a la par que el ascensor parece un abismo entre dos personas condenadas a no entenderse. A pesar de que su giro final le reste gracia al conjunto y se traicione un poco a sí mismo, la última imagen que ofrece la película ofrece toda la poética que había estado evitando.

Por otro lado, poética le sobra a “Tierra quemada”, tal vez el mejor mediometraje de todo el festival. En la córcega del XVIII, una lavandera salva a un hombre herido de una muerte segura. El precio que deberá pagar por un acto tan noble, no tiene nada que ver con lo que ella espera. Alguien les buscará y les dará caza. la-terre-brulee2

Solo la primera imagen sostenida de “Tierra Quemada” nos da una idea de la calidad técnica del film. Cuando se termina, muchos no se percatan, dada la intensidad del relato, que se trata de un mediometraje mudo. Pero más allá de equilibrismos fotográficos y recursos estilísticos, lo que “Tierra quemada” es, es una acertada reflexión sobre el paso del tiempo y su capacidad para cerrar heridas. O al menos para olvidarnos de que sangran.

Los datos confirmarán si mis sospechas van por buen camino. Ahí va mi hpótesis: la séptima edición de la cabina ha sido la que mejor recibimiento de público ha tenido. Tal vez, también la que más repercusión mediática, por varias razones. Pero al menos una cosa está clara, La Cabina ya se ha puesto en el mapa de los festivales de nivel: ofrece un producto que nadie más tiene, lo hace bien y el público responde.

Demos las gracias al equipazo con el que cuenta Carlos Madrid: desde el que monta el photocall con cartón pluma reciclado, hasta el que reparte los votos del público. Desde la que pega carteles, hasta la que aguanta con una sincera sonrisa a señores cabreados en taquilla. Todos y cada uno de ellos confian y creen en el espíritu de La Cabina. Tod@s están orgullosos del festival al que representan y tienen razones para estarlo. Brindemos por muchos años de esta obligada cita cinéfila anual. Brindemos por muchos años de La Cabina.

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