Interstellar: abrazar lo desconocido

La voz sabia y débil de Michael Caine cita el poema de Dylan Thomas. Vacila y se quiebra pero sus palabras resuenan fuerte en el interior del espectador a un paso de verse abrumado. “No entres dócilmente en esa buena noche”, recita. Parece que hable de la vejez, o del espacio como sinónimo de la muerte: lo inexplicable. Y sin embargo también puede que la voz sea la del mismo Nolan, advirtiéndonos de los peligros de adentrarse en su aventura espacial. O de no hacerlo.

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Dentro de la mecánica grandilocuente de “Interestellar” todo es posible. Y no cabe entrar con reservas, ni descomponer cada imagen, ni convertirse en cirujano de los agujeros negros de un guión sobreexplicado. Al penetrar en esa buena noche, debemos dejarnos llevar por piruetas imposibles, naves a la deriva, y emociones pentadimensionales para poder gozar de sus virtudes.

Como compendio de lo bueno y lo malo de la ciencia-ficción científicamente probable del último medio siglo, “Interstellar” recoge el testigo de demasiadas películas. Enumerarlas sería perder de vista que sus fuentes no son la esencia de su alma, más preocupada por aunar la aventura del blockbuster épico con la emoción de producciones más modestas. Sin por ello descuidar la delicia (y grandeza) visual.

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Cierto es que la enormidad de sus objetivos hacen torcer el gesto en más de una ocasión. Más ambiciosa que “Origen” (como si eso fuera decir poco), las miras de “Interstellar” hacen que su vocabulario y su desarrollo pueda resultar más complejo pero menos original. Si la primera tenía su propia mecánica y dentro de ella inventaba un lenguaje verbal y uno visual directamente ligado a él, la segunda convierte el concepto de su mecánica en algo tan grande que puede resbalar el cualquier momento.

Sus atajos argumentales, sus regates a la hora de explicar conceptos inentendibles y su montaje (en ocasiones repetitivo y en otras demasiado condensador) pueden turbar más de la cuenta.

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Aunque eso sí: “Interstellar” funciona a las mil maravillas cuando es pura aventura. Cuando se centra en las peripecias interplanetarias de sus protagonistas y ofrece escenas de acción y tensión estupendas. Cuando se manifiesta como un homenaje bienintencionado de un cine de aventuras de espíritu descubridor para todos los públicos, deja boquiabierto a más de un espectador.

“Interstellar” contagia un espíritu que hace que levantemos la mirada hacia las estrellas, conscientes de nuestra microscópica existencia, y nos preguntemos qué hay ahí fuera.

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Si Nolan fuese ese Buzz Lightyear que salta al vacío esperando volar hasta el infinito y más allá, no terminaría sin brazo y tomando el té de Darjeeling con Maria Antonieta y su hermanita. Llegaría de una pieza a la cornisa de la ventana. Aunque puede que eso le subiera los humos tanto como se le pueden subir a un juguete que cree ser un guerrero del espacio exterior. Veremos.

Lo mejor: la belleza de algunas escenas espaciales y su sentido de la aventura.

Lo peor: su megalomanía e indisimulada ambición pesan sobre un tercer acto con resquicios.

Por: @FrancescMiro

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4 comentarios en “Interstellar: abrazar lo desconocido

  1. Lo mejor: la belleza de algunas escenas espaciales y su sentido de la aventura.

    Lo peor: su megalomanía e indisimulada ambición pesan sobre un tercer acto con resquicios.

    Amen Hermano.

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