Broadchurch: sin pena ni gloria

Verano de 2014. Antena 3 (bueno, en realidad todo su conglomerado de canales que forman Atresmedia) inicia una extensa campaña promocional de su nueva serie: Broadchurch. El mejor drama británico del año pasado, porque, sí, la serie se estrenó en el año 2013. Estas cosas le hacen a uno pensar mucho. O sea, la serie obtuvo un gran recibimiento en las islas británicas, grandes fueron sus cifras de share y sus críticas.

No obstante, hasta casi un año después, Antena 3 no compraría los derechos de esta serie. Casualmente, lo hizo cuando ya había obtenido 3 premios BAFTA: el de mejor serie dramática, el de mejor actriz principal a Olivia Colman (a quien a lo mejor recordáis del biopic de Margaret Thatcher, exacto, el de Meryl Streep) y el de mejor actor de reparto a David Bradley (correcto, queridos muggles, Filch, el conserje del colegio más mágico del mundo mundial).

Broadchurch - Specials

Premios en mano y campaña promocional funcionando, Antena 3 hizo lo peor que podía hacer: destrozarla. Aunque, bueno, es lo que mejor sabe hacer. Se la ventiló en cuatro días haciendo que el recuerdo que tengamos de ella sea efímero. A dos capítulos por día, en un mes había desaparecido de la parrilla televisiva de nuestro país. Ellos pensarán que lo hicieron bien porque no generó mucha audiencia (la basura de Telecinco le sacaba de 10 a 15 puntos de share cada semana) así que valía la pena deshacerse de ella rápidamente.

Fue así como se la cargaron. Y es que este drama británico es uno de esos que hay que ver de forma pausada, hay que dejar que el suspense cale en el espectador, dejar que el boca a boca funcione, conseguir crear una masa de público intrigada por la trama. Por desgracia, no se hizo.

Bueno, pero no os preocupéis, por suerte para nosotros, Broadchurch no es una obra maestra, aunque arroja suficientes destellos de calidad, la verdad. Los que estéis esperando que hablemos de esta serie que sea la puta hostia montada en bicicleta, por favor, pasaos por otra entrada del blog, porque no es así.
La premisa de la que partimos es bastante conocida por el espectador/lector habitual: un pueblecito pequeño, ese típico en el que todos conocen a todos. La serie nos lo deja averiguar en sus primeros minutos, cuando uno de sus personajes realiza su trayecto hacia el trabajo a pie y saludando a todo ser viviente. Por otra parte, un cadáver, un niño de 11 años.

Contamos, también, con el típico inspector que viene de fuera, interpretado por David Tennant (ex Doctor Who, que también hizo su pertinente aparición Hogwarts como Barty Crouch hijo y que no recibió premio BAFTA alguno por su papel, aunque no está mal, el hombre).

Desde el principio calamos por donde va a ir la trama, el inspector de fuera y la inspectora del pueblo. Él se guía por la lógica, ella por los sentimientos. Es normal, conoce a todo el pueblo, sabe que todos son buenas personas. Pero pronto, también, nos vamos dando cuenta de que todo no es como parece.

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Con el avance de los capítulos nos damos cuenta de que la gente esconde secretos. Oscuros secretos. Los hay de todo tipo, pero principalmente destacan los más escabrosos. Es en ese avance en el que lo sabes, no, no sabes quién es el asesino, sabes que estás enganchado, que quieres conocer los detalles más íntimos de cada persona de Broadchurch, ese pueblecito que parecía tan entrañable a simple vista. Ese es el principal baluarte de esta serie, juega con el espectador, consciente de que a todo hijo de su padre le gusta el morbo.

Algún avispado dirá: “¡Cuidado! Esto me suena a Twin Peaks y si entramos en comparaciones, no hay color”. Puede ser, no lo voy a negar. Ese pueblo pequeño, ese extraño asesinato, ese detective que llega al pueblo para investigar, interrogatorios que sacan a la luz los secretos más espeluznantes… Pero no, Broadchurch no sigue los pasos de la magistral Twin Peaks que, llegados a cierto punto, se deja llevar por la fantasía de la mente de David Lynch (con sus ya sabidas consecuencias). Incluso hay cierto símil en el hecho de que, sabiendo quién ha asesinado a Danny Lattimer (o Laura Palmer, llegados a este punto, qué más da), se espera la continuación de la serie.

Bueno, volvamos al morbo que es lo importante. Su principal baza. En sus 9 episodios, conocemos a unos cuantos vecinos, incluso sospechamos de ellos, así lo quiere la serie y así se cumple, aunque sabemos que no van a ser culpables, volvemos a caer en su juego. Es comprensible, así es la naturaleza del ser humano, cuando conoces que una persona tiene un pasado oscuro, crees que es capaz de cualquier cosa, incluso de matar a un pobre niño. Pero no sólo eso, una de las facetas de la serie es la presencia de la prensa, el típico periódico local y la típica periodista de un periódico grande. El sensacionalismo con el que publican los avances de la investigación nos arenga a que nuestra mente piense que alguien es el asesino y si no lo es, pasamos a otro, no hay problema.

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Más allá de esto, la serie no destaca mucho más, de hecho, permítanme un pequeño spoiler (si no quieres leerlo, pasa al siguiente párrafo. Hazlo. Venga ya, no me hagas perder el tiempo escribiendo de más y no pierdas el tuyo leyendo algo que no quieres). Lo dicho, un pequeño spoiler: el asesino se entrega a la policía. Sí, así es, no hay una resolución impecable del caso por parte de los detectives, aunque es cierto que las pistas y el descarte de sospechosos nos iba acercando a este personaje, nos dejan con el culo torcido. Claro, esperas que el detective encuentre la pista definitiva, que nos sorprenda hallando un móvil de forma magistral, pero no, nos privan de eso.

Lo dicho, no tiene nada que destaque, nada que la haga especial, sin embargo, lo acaba siendo. ¿Tiene buenas actuaciones? Por supuesto, nadie lo duda, pero tampoco tenemos un personaje o papel que nos sorprenda. ¿Tiene una buena historia? Evidentemente, su trama, pese a seguir algunos clichés, tiene el suficiente atractivo; pero no es algo excepcional. Y así podríamos seguir hasta destripar toda la serie.

Como apunte final, quedémonos con la siguiente reflexión: la falta de excelencia es la nueva excelencia. Vale la pena hacer un buen producto y que funcione que intentar hacer algo maravilloso y que acabe siendo una decepción, que de esos tenemos muchos. ¡Viva la normalidad!

Por: @RubenSebas

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