Macguffilms en #Sitges2014: gratas sorpresas antes del final

Ha pasado muy rápido pero mañana ya nos vamos de Sitges. Ha sido intenso y estamos extasiados. Hemos saciado nuestra sed de sangre (cinéfila), y sea lo que sea que veamos mañana, puede que hoy sea el día más completo de nuestro festival. Veremos si mañana nos apuntamos algún puntazo, puesto que veremos “Burying the Ex” y un Maratón Sorpresa que nunca se sabe.

El caso es que hoy hemos cumplido: cinco peliculas con muy buena media. Una media que se quedaría en una pasable, tres buenas, y una notable. Así que podemos decir que hoy es, casi seguro, el broche de nuestro cubrimiento del 47 Festival de Cinema Fantástic de Catalunya. Vamos allá.

Empezamos el día un poco cojos: la adaptación en carne y hueso del cómic pulp “Lupin the 3rd” entra un poco difícil a las ocho de la mañana. Lupin III fue una serie manga creada por Monkey Punch sobre un ladrón pícaro y gracioso: un auténtico granuja también genio en su trabajo. Pasa que la adaptación a acción real de los cómics no siempre ha ido bien. Y esta no es una excepción. En este reboot, Lupin tendrá que recuperar un collar egipcio valorado en 200 millones de dólares, para limpiar el nombre de su mentor y ex jefe de la sociedad secreta “The Works”.

Lupin

El caso es que la adaptación a carne y hueso, sacrifica el espíritu bribón y punk del original (que incluso alguien tan correcto como Miyazaki supo respetar puliendo a su manera) es pos del “todos los públicos” más descarado. Aún así, si lo entendemos como un homenaje, puede que quede como una simpática sombra del orginial que entretiene y hace reír. Con todo, “Lupin the 3rd” se queda como un intento pobre de producción ligera que no defrauda del todo, pero mucho menos hace justicia.

Acto seguido, llega la gran sorpresa del día: “Tusk”. Una auténtica locura, una broma pesada, una ida de olla brutal, y una joya bruta, sucia y maloliente. Pero una joya al fin y al cabo. ¿Que de qué va? Simple, un podcaster famosoque entrevista a personajes raros y friquis de todos los colores. Cuando una entrevista se le tuerza en Canadá, tendrá la oportunidad de conocer a un viejo marinero dispuesto a contar historias increíbles. Pasa que, una vez esté en casa de dicho marinero, descubrirá (demasiado tarde, obviamente) que es un auténtico psicópata demente. Y obsesionado con las morsas.

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Habrá quién cometa el error de tomarse enserio una punto de partida demasiado absurdo, y que no vea nada en la última obra de Kevin Smith. Habrá, tambié, quién vea en ella una auténtica broma desde principio a fin en el que los límites de lo censurable en el humor negro se estiran hasta poner a prueba al espectador. Y es que todo nace de un podcast que Smith hizo con un amigo y en el que contó, entre carcajadas de aquellas de las que cuesta respirar, una historia que daría pie a esta locura. Tomándosela como lo que es, una broma macabra, puede que estemos ante el mejor humor negro/fantástico más chalado y retorcido del año.

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Y de una broma pesada pasamos, sin esperar un minuto, a un drama de animación de post guerra. Una mezcla algo indigesta que recomendamos no repetir. Hablamos de “Giovanni’s Island”, la nueva película del estudio nipón Production I.G. que nos narra la niñez de dos hermanos, tocados por los estragos de la Segund Guerra Mundial.

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Aunque recuerde demasiado a “La tumba de las luciérnagas” (incluso en el diseño de los dos protagonistas), “Giovanni’s Island” coje fuerza propia sobretodo en su arranque: cuando narra las consecuencias de la ocupación soviética de una isla japonesa, en un niño que está descubriendo el mundo. Ahí, se demuestra fuerte y bastante consciente de su poder dramático. A pesar de que, en su último tramo, busque la lágrima fácil, se le ha de reconocer la capacidad filtrar en los ojos de un niño, las terribles consecuencias de la guerra, la pobreza, la expropiación y los campos de concentración. Una buena película que no llega hasta el corazón, pero sí que lo pincha en alguna ocasión.

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Y, como si Sitges fuera una montaña rusa se tratase, del dramón volvemos a la comedia, esta vez menos salvaje y más de “bienquedar”. Una feel-good movie para friquis-soft llamada “What We do in Shadows”. Un falso documental que narra la vida en común de cuatro vampiros que comparten piso.

What-We-Do-In-the-Shadows

Con un buen comienzo, que apunta alto como parodia de los clichés de género, “What We do in Shadows” se queda a medio camino. Y es que todo lo que da esperanzas durante su primera mitad, va evadiéndose en su segunda, a base de descubrir que no pueden aguantar las faltas del formato documental y han de añadir subtramas y personajes más bien anodinos. Y a pesar de todo, su simpática mezcla de géneros, su universo particular en el que vampiros  caminan tranquilos por las calles, y sus puntuales aciertos técnicos (la escena en la que un cámara sufre un percance, o la recreación falsa de un asesinato) la llevan a ser una entretenida comedia que podría haber sido más. Pero para más, ya tenemos la belga “Vampires”, de Vincent Lannoo,  también falso documental sobre vampiros, y que a muchos les parecerá mejor bien llevado.

Y para terminar un día de lo más completo: la tercera película buena de nuestro penúltimo día. Pero avisamos ya de que hay diversas maneras de encararse a “The Rover” y todas ellas son correctas dependiendo del punto de vista. Si se parte de que los ambientes secos y post-apocalípticos ya están demasiado vistos, o de que el solitario y desarrapado protagonista sin escrúpulos es ya un calco desdibujado, puede que “The Rover” sepa a poco.

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Si juegas el juego de su arritmia narrativa y la tomas como una road movie en la que el continente importa poco y el contenido menos aún, puedes disfrutar de una grata sorpresa: puesto que su historia no va absolutamente de nada más que de un hombre que quiere recuperar un coche robado. Su manejo de las situaciones de tensión, su habilidad para la pausa y la conversación y su violencia palpable hacen de ella un viaje emocionante. Sin estar a la altura de Animal Kingdom, la segunda película de David Michod demuestra que sin innovar se puede sorprender. Tanto como para descubrir que Robert Pattison puede, no sólo ser buen actor, sino serlo notablemente.

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