Charlas

Un joven y su pareja entran un bar. Podría parecer un chiste malo o de mal gusto, pero no lo es. Él es apuesto, incluso con el pelo y la barba un tanto desaliñados. Ella es hermosa, hermosa en todos los sentidos que pueda tener esa palabra. Miran a su alrededor, ven una mesa, al fondo, en penumbra, es perfecta para tomar algo y dar rienda suelta a su amor, o simplemente charlar, sin que nadie les moleste. Se sientan y piden, cada uno, un café, tímidamente, como quinceañeros que no quieren hacerse de notar. No hablan, hasta que llega su café y dan las gracias a la camarera. Entonces, empieza su conversación:
Bueno, ¿qué tal ha ido en el trabajo?– pregunta ella.
-La verdad es que ha sido un horror. Ha venido un cliente habitual quejándose de que no contrató un servicio que había contratado el mes anterior. Yo le dije que así nos constaba, que yo no podía hacer nada, que no me encargaba de las contrataciones…un lío, vaya.- responde él.
Y, ¿qué has hecho?
-Pues nada, le he dicho que si podía decirme el nombre del vendedor con el que habló, él seguía en sus trece con que no había hablado con nadie… Después de discutir cerca de un cuarto de hora ha aceptado que quizás contratara algo, pero que ya no lo quería. Yo le he tenido que decir que al contratarlo tenía una permanencia mínima de seis meses y ahí ya se ha liado a insultos y gritos. Ha venido el jefe, me ha echado la bronca y le ha dicho al cliente que él mismo le tramitaba la baja mientras me fulminaba con la mirada…
Vaya, lo siento cari– dijo ella, puso cara triste.
-Bueno, y tú, ¿qué tal ha ido tu día?- él puso una cara más alegre.
Un pitido interrumpió la conversación.
Qué justito, espera un momento.
Ella puso su móvil a cargar en el enchufe que había en el rincón y el pitido cesó.
Así mejor, que ese pitidito acaba siendo molesto. Bueno, pues mi día ha sido bastante normal, normalmente aburrido. Eso de estar de baja es un rollo. Echo de menos estar trabajando, la casa se me cae encima. Ya me encuentro bien, quiero volver al curro, pero nada, ya sabes, hasta que no me firmen el alta, me tengo que quedar en casa…¡¡tengo ganas de que llegue el lunes, ir al médico y que ya me deje trabajar de una vez por todas!!
-Jajajajajajajajaja. Es normal, nadie quiere estar en casa todo el día, además, tu casa es el lugar perfecto para el aburrimiento: es pequeña, no tienes consola ni nada para entretenerte, llena de libros que aborreces porque los has leído mil veces…
Oye, no te metas con mi casa, ¿vale? A mí me gusta. Es…acogedora.
-Acogedora es un claro eufemismo de pequeña.
Bueno, es pequeña, ¿algún problema?-Ella puso una cara burlesca.
-No, ninguno, es sólo que…bueno, había pensado que juntando tu sueldo y el mío pues sí daría para una casa decente y más entretenida.
¿Me estás proponiendo que vayamos a vivir juntos?– Cara sonrojada.
-Sí, es una idea que tengo en la cabeza desde hace mucho tiempo, a lo mejor te parece una locura, pero me parece que es una buena idea. –Doble sonrojo.
Vale, hagámoslo. Es más, busquemos ya mismo algún piso en alquiler.
-Me parece genial.
Ambos sonrieron, tímidamente, como todo lo que hacían. Cerraron su conversación de WhatsApp y abrieron el navegador para ponerse a buscar su pisito de enamorados.

banksy

Por: @RubenSebas

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