Dom Hemingway

El  síndrome del protagonista protagonérrimo

Existe un tipo de películas que, aún no teniendo la suficiente conciencia de grupo como para establecerse como género, basan toda su existencia en su protagonista. La razón de ser de este tipo de películas no es más que su personaje principal. Es decir que todo recae sobre los hombros de un personaje que ha der ser suficientemente robusto para que, sin esfuerzo, él mismo disimule vacíos del resto de lo que le acompaña.

Y no hablamos de detalles. Sino de todo lo que contiene un film para que no sea más que una continuada sucesión de imágenes. Apodemos a este personaje el protagonista protagonérrimo para hablar de “Dom Hemingway”.

Richard Shepard, director británico de rarezas insulsas como “Matador”, decidió contar en Dom Hemingway la historia de un hombre que libre tras haber cumplido 12 años entre rejas. Un hombre que ha mantenido más de una década la boca cerrada respecto al asunto que le llevó a prisión a pesar de saber que si testificaba y largaba algunos nombres, hubiera podido salir en poco más de tres años. Se trata de un hombre, pues, al que la gente que no delató le debe un favor que él está dispuesto a cobrarse.Don-Hemingway-Jude-Law_Macguffilms

Dada la premisa con tintes de cine negro y tras un inicio prometedor, el espectador entiende que se trata de una comedia negra al uso, protagonizada por un Jude Law más desatado que nunca. Una comedia que ofrecerá una historia algo pasada pero consistente. Una comedia que, en algún momento le hará reír. Y tras la primera media hora de película (consistente en una sucesión de “a ver quién la tiene más grande” mal disimulada) el espectador de dará cuenta de que no. “Dom Hemingway” no es nada más que Dom Hemingway.

A pesar de todo, lo que hablamos, en sí mismo, no tiene por qué ser malo. Podría incluso sembrar algo auténtico. El problema es que el film no busca esto: después de un giro de guión más doloroso que un esguince viejo y mal curado, Shepard decide que su film no es una comedia negra de ladrones dados a los excesos y con problemas de ira: es un drama sobre un hombre incapaz de amar a sus seres queridos.

Semejante giro, con buena mano, podría (sí, otro condicional) haber tenido un resultado positivo. Pero a base de situaciones ridículas, diálogos sin chispa, pretendida poética bukowskiana, falta de originalidad y un bochornoso vacío argumental el film se convierte en un “quiero y no puedo” cansino.

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Todo lo que no sea un primer plano de Jude Law repitiendo incansablemente el nombre de su personaje… no funciona. Salvo alguna escena que, de tan inverosímil, provoque una tímida sonrisa. O la presencia (aquí desaprovechada) de una siempre tierna Emilia Clarke.

Lo peor: que se traicione a sí misma y al espectador. Que no aporte nada.

Lo mejor: por momentos, Jude Law está brillante. Por momentos.

Por: @FrancescMiro

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