The Fake: la verdad como prisión

Un hombre mira el cadáver de su mujer: ha muerto de tuberculosis. Su último deseo fue donar todo su dinero a unos estafadores profesionales que han jugado con sus esperanzas de recuperarse. Con sus esperanzas de vivir mejor, aunque no fuese en esta vida. Pero ella no lo sabe porque murió antes de que la verdad fuese destapada. El momento del último aliento le llegó de noche, mientras dormía. Su cadáver sonríe. Cómodo, plácido. Ha muerto engañada. Ha muerto feliz.

Esta escena, inicio de un frenético tercer acto, condensa por sí sola el corazón de “The Fake”: un rotundo thriller coreano en el sentido más estricto de la palabra. Una reflexión, en forma de golpe en el estómago, sobre el significado de la verdad y el engaño. Sobre lo que decidimos creer y sobre lo que creen por nosotros. Estafas, sectas y extremistas religiosos.

En un pueblo rural que vive a punto de ser inundado por la construcción de una presa, un hombre llega predicando la salvación. Por la modesta suma del valor de sus casas, sus habitantes podrán presenciar milagros que les guiarán hacia el camino de la felicidad. El azar convertirá a Min-chul, la peor persona del pueblo (un borracho maltratador adicto al juego), en el poseedor de la verdad: ese predicador está siendo perseguido por estafas en todo el mundo.

La verdad que Min-chul conoce, no le hace más feliz. Qué va: la verdad le convertirá definitivamente en el paria de un pueblo que decide creer en los engaños. Porque los engaños que elegimos creer nos definen tanto o más que las verdades que enarbolamos como banderas. Y en un mundo donde la verdad no existe: el engaño nos hace libres.

THE FAKE (7)

Yeon Sang-ho ya dejó claro con su ópera prima, la sorprendente “The King of Pigs“, que las medias tintas no van con él. Fiel a un particular estilo, de tono directo y violencia expresiva, nos presenta su propia “La Haine” como un juguete roto. Una mezcla de la mirada fría del ser humano de “Encontré al diablo” y la poética visual de “True Detective” en clave animada.

Con una técnica de animación rudimentaria y un diseño de personajes más bien pobre ( y rígido y poco expresivo, todo sea dicho) Yang Sang-ho consigue superar las limitaciones de su obra a base de arrojo. Así pues, pesa sobre ella un ritmo que se estanca a medio camino y cae alguna vez en la repetición innecesaria. También unos personajes que no muestran su cara b, sino que llevan al límite su cara a.

Y, a pesar de todo, ella misma sabe subsanar sus errores si estamos dispuestos a esperar: su ritmo nos sumerge en un tremendo acto final que hará las delicias de los fans del thriller coreano. Y sus personajes terminan por mostrarse plausibles a base de caminar en todo momento entre la cordura y la locura. La confianza ciega en unos protagonistas extremos y el atractivo de contar con un argumento imprevisible por forzado son bazas que sabe controlar.

 

“The Fake” es un engaño sobre engaños. La verdad es una prisión cuando nadie te cree y también resulta un elemento de control cuando te creen sin más. Mientras que el engaño, en sí mismo, no es ni mejor ni peor que la verdad: es su misma sombra. Su muerte. El engaño que nos repetimos a nosotros mismos y que nos hace creernos fuertes, también puede hacernos fuertes de verdad.

Lo mejor: su fuerza narrativa y su falta prejuicios.

Lo peor: la técnica de animación agarrota demasiado la propuesta.

Por: @FrancescMiro

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