Aprendiz de gigoló

El azar del destino ha hecho que John Turturro, que interpretó un pequeño papel como guionista televisivo en Hannah y sus hermanas (1986), le haya escrito a Woody Allen su primer rol importante en una película no dirigida por él mismo desde Cachitos picantes (2000) de Alfonso Arau. La excusa de este reencuentro es Fading Gigolo, que el italoamericano no solo escribe sino que también dirige y protagoniza.

Aprendiz_de_gigolo_macguffilmsPero allá donde la de Arau era una cinta de argumento rocambolesco y enrevesado lleno de giros macabros, el de este es más bien simple:  Turturro y Allen se encuentran en una situación económica inestable, asi que recurren a las habilidades amatorias del primero para establecerse como gigoló y proxeneta. No obstante, la aparición de una viuda judía interpretada por Vanessa Paradis alterará el éxito del negocio.

Demostrando una impudicia similar a la de Joseph Gordon-Levitt enrollándose con Scarlett Johansson en su debut como director, Turturro se asigna como clientes a Sharon Stone (precisamente la breve esposa de Allen en Cachitos picantes), Paradis y la exuberante Sofia Vergara, de la que imperdonablemente se escamotea su desnudo. Y, a pesar de todo, el verdadero reclamo de la cinta es Allen, quien provocaría sonoras carcajadas aunque solo saliera recogiendo el Premio Príncipe de Asturias y al que la cinta somete a un curioso juicio que trata de determinar definitivamente sus lazos con el judaísmo.fading-gigolo_macguffilms

Es indudable que Turturro siente un profundo amor por el séptimo arte, y así hace suyos los conflictos étnicos de Haz lo que debas (1989) de Spike Lee; la representación del judío ultra-ortodoxo del prólogo de Un tipo serio (2009) de los hermanos Coen (directores para los que Turturro es un fetiche); la cita final de Casablanca (1942); la floristería acompañada musicalmente por La violetera de Luces de la ciudad (1931); y, sobre todo, del bagaje humorístico de Allen.

Lamentablemente, el cine parece ser el cliente menos complacido por los servicios de este gigoló. A medida que avanza su metraje, el film se olvida de sus personajes e incluso de su premisa argumental para centrarse en la relación entre el protagonista y el personaje de Paradis. El problema estriba en que la cinta va añadiendo conflictos dramáticos sin ningún tipo de explicación (flagrante es el caso de la introducción del personaje de Liev Schreiber) haciendo que el espectador pierda completamente su interés. Y, cerca de su final, la película descubre que no llega a conmover como el drama que pretende ser ni divierte como la comedia que podría haber sido.

Lo mejor: La generosidad de Allen y el brevísimo pero impagable comentario sobre la fealdad de Mick Jagger.

Lo peor: La relación entre Turturro y Paradis, de cuya importancia se infiere que lo peor del film es prácticamente toda su construcción narrativa. Aparte, tampoco le vendría mal ser más graciosa.

Por: Carles Gómez

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