#AtlantidaFilmFest: sesión “inaugural”

A propósito de Atlántida Film Festival

El Atlántida Film Festival nace hace cuatro años cuando Filmin, en su empeño de convertirse en algo más que una plataforma de VOD de calidad (en un referente de la cultura cinematográfica en nuestro país), decide poner en marcha una novedosa estrategia. Han cambiado los hábitos de consumo de una manera brutal y en el mundo del cine, existen modelos vetustos que no favorecen el evolucionar lógico de un arte en perpetuo movimiento. Y aunque los festivales se han dinamizado, en gran medida, muchas de sus actividades siguen estando muy condicionados por la física del estreno y los flashes alfombra roja.

En medio de este constante cambio, Filmin se atreve a poner en marcha un festival que no necesita nada más que las ganas del espectador por descubrirlo. Así nace un festival que en su cuarta edición se ha consolidado como referente del cine que, aún vanguardia, no consigue el clásico acceso a distribuciones en salas. Más de 40 títulos, que han pasado por festivales de todo el mundo, y que ahora están al alcance de qualquier aficionado. Ya no hace falta ser especialista, ni prensa cinematográfica, ni trabajar en la industria para descubrir los títulos más especiales del cine contemporáneo. Ahora sólo hace falta un click. Y atreverse a disfrutar.

Y empezamos nuestro particular recorrido por el Atlántida con dos películas de la Sección Atlas. Dos propuestas que no podrían ser más diferentes para una misma sesión. Y de sesiones va a ir este festival: sesiones dispares, matinales, golfas, psicodélicas, filosóficas, eróticas y atrevidas. Porque en el  Atlántida Film Fest, tú montas tu propio festival. El nuestro, por ahora, empieza así:

El desconocido del lago

L'inconnu du lac Macguffilms posterEl cóctel de géneros, a veces funciona como un mero objeto de atracción. Un modo distinto de unir conceptos dispares puede llevar a crear un subgénero, a descubrir una perspectiva nueva, o a sacarle brillo a un prisma del drama que no conocíamos. Pero, como decía, a veces funciona como reclamo: mero sonajero sobre el que dar manotadas fortuitas, esperando oír el sonido de las piedras en su interior. “El desconocido del lago” mezcla el thriller oscuro con el drama homosexual de alto contenido erótico, arriesga con el objetivo de sorprender. Incluso jugando con elementos del esperpento propio de la comedia bizarra, sin por ello resultar desagradable.

El problema, en ocasiones, es que el sonajero que con ahínco zarandeamos, no suena. Por mucho que al principio pensemos que esté repleto de algo interesante y nuevo. Con poco que lo diferencie, más allá de su naturalidad intrínseca y de su calma tensa, “El desconocido del lago” se muestra demasiado confiada en su apuesta. Con más atino para la controversia, que para el pulso, al final, no encontramos más que tedio. Con sexo homosexual explicitísimo (ríete tu de La Vida de Adéle), asesinatos y masturbaciones voyeurs, sí. Pero de un tremendo hastío que muestra vacuidad debajo de tanto libertinaje. No exenta de cierto interés, anidado en el personaje de Henri y en el tramo final, “El desconocido del lago” tiene demasiados problemas para conectar y lastrar su visionado.

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Upstream Color

“Terciopelo azul”(atiendan a éste color) empezaba con una escena muy particular: un idílico domingo de Upstream Color Macguffilms Postermañana en la perfecta sociedad americana de clase alta que se rompía cuando un hombre sufre un infarto. Una ruptura que nos lleva a ras del suelo para hacernos descubrir el caos y la furia que domina lo que no podemos ver. Y de pronto, descubrimos que Lynch nos ha llevado directamente hasta una sensación concreta. Nos ha hipnotizado y ahora nos encontramos en el estado de ánimo/desconcierto que el visionado de su film necesita.

La segunda película de nuestra sesión “inaugural”, que estará disponible en el Atlántida hasta el día 1 de abril (¡Corred!), es un intenso viaje hacia la mente de un creador (Carruth) que, desde ya, se sitúa entre lo más interesante del panorama contemporáneo. Una película que nos sumerge en un estado mental, a base de una atmósfera opresiva (y nítida), de unas actuaciones ejemplares y de un dominio del montaje excepcional. Su capacidad de entrelazar imágenes y transmitir es su mejor baza: su obsesiva habilidad para conducir al espectador hasta el desconcierto necesario para entender a sus protagonistas.

“Upstream Color” es una sesión de hipnosis mal digerida. Shane Carruth ha conseguido una película de milimétrico funcionamiento que, a pesar de su retorcido argumento, nos lleva por derroteros de incuestionable efectividad. Y desde su impecable y espeluznante inicio, hasta su extraño final, vamos a estar hipnotizados. Un film que nos pregunta: ¿Qué es el cine? ¿Es el arte del escapismo, el de entretener, el de contar historias, el de hacer pensar, el de transmitir sensaciones, el de engañar, el de manipular? Es una suma de todos ellos. Y son escasas las películas que lo entienden y que, sin las ataduras de la lógica (que la tiene), consigue transmitir tanto con tan poco.

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