El Gran Hotel Budapest

En la sexta aventura de aquel joven reportero belga de flequillo alegre, una oreja rota, de una estatua muy valiosa, le obligaba a Macguffilms_poster_the-grand-budapest-hotelsalir de Europa para viajar por todo el mundo, en busca del trozo restante. En su viaje descubría conspiraciones de lo más variopintas y se veía inmiscuido en una guerra entre dos países hasta llegar a una peligrosa selva en la que, sorpresa, descubría que el trozo que buscaba estaba en el país mismo del que había salido.

El trozo de “La oreja rota” funcionaba como punto de partida y mera excusa para revivir aventuras tintinescas, viajar, escapar de tiroteos, desmontar complots perversos y, en definitiva, vencer a los malvados y recuperar el equilibrio natural de las cosas. Un equilibrio que, en el mundo de Wes Anderson, nunca se conseguirá. Porque nunca se buscará.

“Niño con manzana” es el nombre del cuadro, trasunto de intrigas de familia rica, con el que arranca la aventura de Gustave H., acusado del robo del cuadro, y del asesinato de su expropietaria. Cuadro que es mera excusa para viajar por toda Zubrowka (país ficticio reflejo de la Europa de entreguerras), conocer a personajes extravagantes y sociedades secretas, y luchar por la dignidad y el valor del nombre de “El Gran Hotel Budapest”.

Más ambiciosa en cuanto a su argumento y ambientación, Wes Anderson se adentra ahora en el espíritu aventuresco clásico enmarcando una historia de robos y asesinatos en lo que se ha convertido ya “su cine”. Renovando, de paso, aquellas marcas de la casa que han hecho de su estilo un universo fílmico propio y desechando (evolucionando?) algunas de sus manías (adiós slow-motion) más íntimas pero poco productivas para el tono de su film.

THE-GRAND-BUDAPEST-HOTEL-elevator-sceneAl completo servicio de  la mecánica (y la escasa lógica) propia del cine al que se adscribe “El Gran Hotel Budapest”, Anderson consigue que la ambigüedad emocional que antaño dominase a sus personajes principales, se traslade a la esencia propia de la película. Hecho que convierte a la ganadora del Gran Premio del Jurado de Berlín en la cinta más accesible y, a su vez, la más abigarrada de estilo de toda su filmografía.

Suma natural propia de la evolución, “El Gran Budapest Hotel”, no obstante, asume el hecho de perder parte de aquél encanto romántico-rarito de sus films predecesores. Se despide de la habilidad de convertir lo hilarante en la opción más lógica que dominaba “Fantástico Sr. Fox”. Escapa de los momentos de catarsis y calma-tensión con los que jugaba en la deliciosa “Moonrise Kingdom”. Y se enfrenta a nuevos retos, pero salta por encima de valores que convertían en memorables a Max Fischer, y  a Steve Zissou. Lejos de buscar la evolución íntima de anteriores personajes (más complejos), Gustave H. (increíble Ralph Fiennes) afianza el carácter caricaturesco de los secundarios de sus films, para devenir la expresión máxima de lo que significa “personaje” en el universo andersoniano.

Una evolución, no obstante, que no empaña el resultado final de “El Gran Budapest Hotel”. Una comedia que empieza con un triple salto mortal-temporal, y termina siendo un homenaje a las tardes en las que, con abrir un libro, viajábamos hasta el amazonas, escapábamos de un secuestro, nos enamorábamos y desmontábamos un complot.

The Grand Budapest Hotel - 64th Berlin Film Festival

Y es que “El Gran Hotel Budapest” es un libro de aventuras, como las que nos hacían vivir Twain, Kipling o Stevenson (o Stefan Zweig, principal inspiración del film). Solo que con infinitos detalles, obsesiva (y genial) puesta en escena, contrapicados humorísticos, acción de intencionado patetismo, cuadros de octogenarias masturbándose, inverosímiles fuera de campo, persecuciones imposibles, gatos voladores y Ralph Fiennes de anfitrión. Dudo que alguien pueda negarse a semejante aventura.

Lo mejor: Fiennes y la capacidad cómica de Dafoe. La habilidad para que el detalle cambie el significado de la imagen.

Lo peor: que no alcance las cotas de profundidad y la capacidad para el flechazo, anteriormente conseguidas.

Por: @FrancescMiro

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