Presentimientos

Una vela mecida por el viento o un suspiro de alguien que no podemos ver. Un padre que, en un instante, comprende que su hija no descansará hasta que no encuentre a su asesino. Así resumía Peter Jackson no sólo la pérdida y la búsqueda constante de culpables, sino la línea que separa el espacio onírico y subconsciente, de la cruda realidad.Presentimientos-764173527-large

El resumen de esa línea en los límites (presupuestarios, de medios, artísticos y de material de base, por supuesto) en los que se mueve “Presentimientos”, pasan por un anillo de boda, un pañal sucio o infidelidades.

En el fondo de ambas, subyace la misma vertiente literaria de novelas de ficción con toques de fantasía y reflexión de autoayuda: dónde en “The Lovely Bones” ese espacio era un limbo antes de la nada, en “Presentimientos” es un sueño antes de la vida. Sin embargo; el camino que se recorre entre la partida realista, la ruptura fantástica y el “happy ending” entrecomillado, es totalmente distinto.

“Presentimientos” nos cuenta la historia Julia (Marta Etura) y Félix (Eduardo Noriega), una pareja recién casada cuyo amor mutuo se desvanece día tras día. Cuando deciden intentar rescatarlo con unas vacaciones familiares, Julia tendrá un accidente y caerá en coma. Entonces, tanto Julia como Félix vivirán experiencias (una en un mundo interior y otro en la pura realidad) que les harán plantearse en qué consiste su amor y si es posible recuperarlo.

Cuando  fuimos al preestreno de “Presetimientos”, partíamos de la aceptación de que el argumento del film, se movía en terrenos pantansos. Eso, presupone valentía por parte de su realizador, pero también deja demasiado debido al espectador y a sus principios o creencias. Al final, lo que encontramos fue que Santiago Tabernero ha decidido optar por la vía de la realización más centrada en sus intenciones que en sus logros.

Así, “Presentimientos” presenta un desarrollo errático con puntuales aciertos pero de conjunto fallido. Un film de correcta factura pero cuyas carencias no son meramente formales: son el punto de partida. Las metáforas que se exige de un producto entre el thriller psicológico y el drama familiar son, en este caso, demasiado evidentes y terminan por subestimar la perspicacia del espectador. Sus giros de guión están más bien cogidos con pinzas y el avance contiguo de las dos narraciones no casa, como si la historia tuviese una pierna más larga que otra y, al avanzar, dibujase movimientos grotescos y poco sutiles.

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Además, la banda sonora de Russian Red, de aspiraciones a atmósfera lynchiana, no sólo destruye parte de su gracia formal, sino que pincha el globo onírico del espectador. Y el limitado papel de un actor ya de por sí limitado (pero en ocasiones notable) como Eduardo Noriega que, además, coescribe el guión del film.

A su favor una Marta Etura, no sólo creíble, sino estupenda hasta hacer creer que el film casi reposa sobre su escueta (pero aaaaai que) espalda. Una fotografía con algún acierto puntual y una constante intención de captar el interés del espectador.

Lo mejor: Marta Etura.

Lo peor: varias lecturas de su moralina final, un tanto retrógrada.

Por: @FrancescMiro

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