Si Kurosawa levantara la cabeza…

…Y viera ’La leyenda del samurai. 47 ronin’ (¿Era preciso ese titulo horroroso, de verdad?), estoy seguro de que la volvería a meter en el hoyo y haría bien. Porque anda vaya cosa más infumable de película. Sí, empiezo así, a degüello, porque no quiero que os hagáis ilusiones y penséis que vale la pena gastar vuestro dinero en esto habiendo cosas mejores en el cine, sin ir más lejos lo nuevo de los Coen.

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Pasemos, pues, a destripar. Nuestro profe de cine nos decía que no está bien sentenciar una película del todo. Siempre hemos intentado sacar cosas buenas y malas de las películas, pero hay veces en las que eso se antoja harto complicado.

Quizás deberíamos empezar por la historia en sí. Los amantes del cine nipón estarán familiarizados con este tipo de historias donde el honor es el principal motor de la película. Pues aquí se le intuye, pero está como ausente. Tenemos a los samuráis despojados de su honor, convertidos en ronin, que, pese a la prohibición del shogun, claman venganza e intentar restaurar su honor y el de su señor. Cualquier película japonesa sabe cómo explotar esto, es algo que forma parte de su cultura, sus raíces. Pero, como digo, no hay nada de eso aquí.

Esta historia de recuperación del honor, muy típica en cine japonés, es llevada al otro extremo, al rollo americano: mucho ruido y pocas nueces. Se pierde por completo ese sentido clásico del honor, desaparece entre algunos efectos especiales y, todo sea dicho, peleas de samuráis muy, muy descafeinadas. Quizás, lo único que recuerde a esas viejas pelis de samuráis es que no aparece sangre, ni una gota, no hace falta el elemento gore. Y, hasta eso, aquí es un error. Ya que has americanizado un producto japonés, hazlo del todo, tampoco quedas mal, además, también hay historias japonesas (en series, animes o películas) con un alto contenido de sangre.

Prosigamos. La historia está un tanto mal llevada, su ritmo no es el adecuado, avanza a trompicones en una sucesión de escenas de parloteo, de acción y de emociones varias (algunas muy innecesarias) que no tiene sentido alguno, que parecen unidas y montadas por puro azar. Además, combina, no muy bien, los elementos fantásticos de los que goza.  Brujería, bestias y entes fantásticos de los bosques. De todo un poco, variadito, pero que ni le da ni le resta encanto, están por estar.

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Las interpretaciones tampoco ayudan. Sinceramente, uno esperaba algo más. No me gusta Keanu Reeves entre samuráis, no me lo trago, lo siento. Un personaje con cierta complejidad, con unos fuertes sentimientos, es interpretado de una manera plana, muy frío y distante, poco creíble. Ni el reparto nipón destaca, poco creíble, como que no termina de estar implicado en el proyecto. Quizás destaque Rinko Kikuchi, que pasó de tímida pilota de Jaegers a ser un bruja de esas que es malvada y un tanto sensual, a la par. Hiroyuki Sanada, quizás lo recuerden por acompañar a uno de los mutantes más reconocidos, por ‘El último samurai‘ o por ‘El ocaso del samurái’ (esta sí japonesa, donde también aparecía Min Tanaka), tampoco luce como líder de los ronin. Y así podríamos seguir.

En definitiva, un producto que pierde el alma, el espíritu, del que gozan las clásicas cintas de samuráis y se convierte un producto americanizado que sólo puede gustar a aquellos que no sean verdaderos apasionados de la cultura nipona, porque estos se sentirán insultados.

Lo mejor: Quizás, y sólo quizás, que intenta traer a la cultura de masas una historia que, de otra manera, medio mundo desconocería.

Lo peor: Todo lo demás.

Por: @RubenSebas

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