12 años de esclavitud

Originalidad no es siempre tratar temáticas novedosas. Originalidad no es inventar de la nada: todo está inventado. A veces la originalidad consiste en pequeñas dosis de diferencia en el tratamiento de la historia de siempre. Y eso muchas veces resulta tan 12_anos_de_esclavitud-689908764-largeatractivo, como la materia prima de la que parte un relato.

“Doce años de esclavitud” pues, no es un monumento a la originalidad arrancada del seno del cine actual ni mucho menos. La esclavitud como temática está tan explotada en el cine notreamericano, como otras de las etapas históricas oscuras de su historia como los años veinte o la segunda guerra mundial. Ni tan siquiera es original en sus temáticas subyacentes: la maldad como parte de la naturaleza intrínseca del hombre, la abnegación de éste ante el terror, la redención como último resorte de lo que nos hace libres…

Lo que puede hallar uno en un biopic que arranca feliz, deviene cruel y termina con fundido a negro y letras que nos explican qué fue del protagonista, es mucho más anodino. Que no por ello, menos interesante. Y es que Steve McQueen descubre a base golpes conceptos clave de la psicología cotidiana del esclavo y el esclavista. Y mientras lo hace nos regala algún que otro hallazgo estético para la memoria.

El sufrimiento ajeno visto como algo normalizado retuerce el adn de un film que acompaña a su protagonista sin juzgar sus actos ni los de los que lo esclavizan. Ni de los que miran hacia otro lado.

Así, McQueen nos ofrece un drama de pulso controlado rodado desde la distancia. Un film tan riguroso en todos sus sentidos, tan pendiente y consciente de su corrección técnica que, en ocasiones, olvida su altos propósitos en pos de la concesión de una obra que guste aunque duela.

Desde uno de aquellos repartos repleto de estrellas que dan sentido a los “Premio al mejor reparto”, hasta una ambientación que cuida la suciedad y el detalle. Todo está pulido y perfeccionado en este drama histórico que se sabe más relevante de lo que es.12-years-a-slave

Su desarrollo parte de engaño ajeno para llegar al autoengaño como forma de protección y mera supervivencia hasta que al final se descubre como lo que es. Porque después del sufrimiento, Mcqueen no pretende analizar su repercusión como sí hacía en aquél análisis de la piel que era Shame. Más bien llega al happy ending buenista y cómodo que gusta al espectador y a la academia.

Es entonces cuando se puede ver un conjunto de drama tópico tocado de algún detalle diferencial. Es entonces cuando se puede ver que, aunque buena y efectiva, “12 años de esclavitud” es menos compleja de lo aparente.

Lo mejor: La escena del semi-ahorcamiento. Paul Dano y su corta pero estimable aportación.

Lo peor: Su BSO es tan parecida a tantas otras de Zimmer que carece de la más mínima personalidad. El nulo disimulo del personaje que se ha reservado Brad Pitt.

Por: @FrancescMiro

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