Trilogía Red Riding

Negro sobre negro

Hay series o films que, aun teniendo todos los elementos que hacen del producto un éxito anticipado, no existen más allá de su estreno. “Red Riding” es un ejemplo de ello. Retransmitida aquí por Canal+, esta serie de films de Channel4 cuenta con pocos seguidores y menos admiradores al paso del tiempo. Pero esto no significa que no estemos ante una notable serie de films. No es nuestro objetivo el descifrar los vericuetos del “mainstream” actual pero si de intentar hacer visible lo invisible y dar a conocer lo que, por casualidad, llega a descubrir uno.

“Red Riding” es la adaptación televisiva (aunque en EEUU se estrenó en cines) de una tetralogía de libros nacidos de la, ahora en boga, pluma de David Peace. El escritor británico, que en 2003 fue nombrado por Granta, Mejor Escritor Joven de su generación, arrasa ahora entre crítica y público con “Tokyo Año Cero” cuya ostentosa frase promocional reza « un cruce entre Murakami y James Ellroy».

Referirse a “Red Riding” como serie de películas puede sonar extraño. Pero referirse a ella como “serie” o “miniserie” no sería lo más adecuado, debido a que dos de sus tres episódicos films cuenta una historia en apariencia independiente y con arco argumental propio, pero cada una ambientada en Yorkshire en años diferentes. Y cada una dirigida por un director distinto. Cada film supera la hora y media excepto el último que casi llega a las dos horas.

Se trata, pues, de un marco para varias historias que conforman que retratan las sombras del Yorkshire de los años 70 y 80: una ciudad sumida en el miedo, la corrupción del poder, y el crimen sin castigo. Cine negro de calidad.

Red Riding: año de nuestro señor 1974

mzl.pzzsvdcuLa primera parte de la trilogía nos lleva a la redacción del periódico local de Yorkshire en la que el joven Eddie Dunford (Andrew Garfield)  empieza a trabajar como corresponsal de sucesos. La desaparición de una niña de 10 años, Claire Kempley, llevará a Eddie a adentrarse en las cloacas de una sociedad profundamente corrompida contra la que se verá obligado a luchar.

La historia de iniciación del protagonista de esta entrega es también la iniciación del espectador en un universo propio escondido entre despachos y casas de la pacífica Yorkshire. La desaparición de una niña será la premisa con la que descubriremos las tramas entre políticos, altos cargos de la policía y constructores (como el personaje de Sean Bean).

Aunque arquetípica en su desarrollo, “Red Riding: 1974”( dirigida por Julian Jarrold),posee la atmosfera adecuada para ser la puerta a los infiernos. Un film de buena factura que confirma a Garfield como valor y que hace pensar en la importancia narrativa (actualmente en crisis) de personajes secundarios potentes y con matices.still2

Red Riding: año de nuestro señor 1980

Abierta la puerta a las cloacas morales de Yorkshire, la inexperiencia de su anterior protagonista es sustituida por la sabiduría y mzl.yekjqclblos valores de uno nuevo: el aguerrido policía Peter Hunter (Paddy Considine). Hunter será el encargado de dirigir la investigación sobre “El destripador de Yorkshire”, pero, durante ésta, se tendrá que enfrentar a la fingida ineptitud de su cuerpo policial. Una ineptitud que esconde la arrogancia propia del poder absoluto de las elites de la ciudad.

Si bien su resbaladizo montaje, cuyos saltos temporales harán caer a más de uno, es más débil que el de su antecesora, su conjunto mejora perceptiblemente tanto en continente como en contenido. La profundidad y respeto en el tratamiento de personajes da mayor  credibilidad a una trama que, a su vez, se oscurece. Dónde la anterior tenía relaciones sentimentales de débil trascendencia se establece una seriedad basada en pinceladas de metraje.

De forma incesante e irreversible, “Red Riding: 1980” forma en el espectador un puzzle cuyas piezas descubren un cuadro del que no queremos saber el significado. La turbiedad contamina y hiede cada vez peor en Yorkshire y ante la certeza de que la escalera siempre nos conducirá hacia abajo, quedan aún cosas por descubrir.19191620

Red Riding: año de nuestro señor 1983

mzl.tzgmctrvYorkshire se sabe podrida hasta los cimientos. Cada retazo de paz pronto se cubre de mugre: impunidad policial, abusos burocráticos y torturas son ya el único modus operandi. Subterráneamente, claro: en apariencia la vida va como debiera ir. De pronto desaparece una niña de 10 años, y las circunstancias del suceso se envuelven de semejanzas con la desaparición de Claire Kempley. Si bien el caso de 1974 está cerrado y su culpable entre rejas. ¿o no?

El círculo de la corrupción y el camino de la redención son los temas con los que cierra este tremendo film su mosaico. Los errores del pasado pasan factura a un comisario carcomido por la culpa. Mientras: el abogado John Piggott (Mark Addy) intenta demostrar la inocencia del presunto asesino de Claire que podría haber pasado diez años de su vida entre rejas por un crimen que no cometió.

La más madura de las entregas de la trilogía se nutre esta vez de dos protagonistas individuales, y muestra la fuerza de una gama amplia de complejos secundarios. Sus flashbacks ocupan gran parte del metraje y todo empieza a cuadrar. Consciente de que el espectador conoce ya como se las gasta Yorkshire, “Red Riding: 1983” se muestra orgullosa de su complicado desarrollo.  Y cierra con un reluciente broche sus múltiples tramas, en las que, por fin, podemos ver algo de luz.red-riding-1983-sean-bean1

Hijos de Yorkshire

La trilogía Red Riding es, en definitiva, una saga de cine negro de las de pausa y piensa. Un  producto reivindicable en tantos sentidos que ante sus defectos, que los tiene, el espectador calla y mira con estupefacción su respeto por el género. Una gran trilogía cuyo sentido del drama se afila hasta herir. Un notable fresco sobre el peso del pasado, el estigma de la corrupción y el verdadero sentido de la redención.

 “Aquí está uno que escapó y vivió para contarlo, del Karachi Social Club y el Hotel Griffin, del trullo de Wakefield Nick y el hostal St. Mary’s. Autopistas y aparcamientos, parques y baños, ricos y desempleados. La mierda venden y la que compramos. De hijos sin madres y madres sin hijos. De la muerte en vida. De mis amigos muertos, bares y clubes, de cunetas y estrellas. De tejones y búhos, lobos y cisnes. Aquí hay un hijo de Yorkshire. Aquí hay uno que logró escapar”.

BJ

Red Riding 1983

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