Aeterna Momento

La primera vez que se la metí en la boca a alguien… Dios… qué sensación. Es algo que no puedo describir. El momento en el que entra, lentamente, mientras abren la boca. Joder, es increíble. Me estremezco sólo de pensarlo. Es algo muy viril. Una acción que demuestra superioridad. Sumisión. Palabras que parece que existan para definir ése mismo instante.

Se trataba de una mujer muy bella. Era extranjera y algo mayor: sus facciones, su rostro, estaban curtidos en la experiencia. Se trata de un tipo de belleza fantasma, un recuerdo que se esconde entre cada una de sus arrugas y que nos dice que, en algún momento de su vida, su rostro acaparó todas las miradas del mundo. Auténtica. Pura vida.

Llegué hasta ella casi por casualidad. Una serie de rumores me llevaron a un solitario bar a las afueras de la ciudad. Solitario pero no sucio ni barato. Qué va, aquello rezumaba caché en cada partícula de humo que flotaba en el ambiente. Me senté en la barra y tomé dos vodkas. Había tenido una muy mala experiencia ése mismo día y mi frustración me había conducido hasta ése taburete, hasta el tercer vodka y quién sabe hasta qué más. Mi rabia. El amor duele más que cualquier herida.unique-dark-bar-furnishing-system

Y entonces la vi sentada a menos de dos metros de mí. Tenía la mirada perdida en las botellas de detrás de la barra. En su propio reflejo sobre ellas. Parecía no estar allí. Tenía los labios pintados de un rojo intenso pero oscuro. Y fumaba con pipa. Una pipa de madera de brezo con un gravado de letras decorativas. ¿Qué mujer fuma con pipa? Ella.

No hizo falta demasiada artimaña. Ella también había tenido un día duro. Así que, pronto, estábamos los dos encerrados en el baño de hombres. Y entonces lo hice. Se la puse en la boca y me estremecí. Un pequeño y juguetón calambre me recorrió el espinazo. Un ciempiés bailando samba. Miré hacía el techo y cerré los ojos, dejando que aquella sensación me inundase. Que llenase mi ser. Que besase mi alma.

Y  lo hice.

Por puro placer. Por un íntimo arrebato de locura. Dionisíaco deleite insano.

Han pasado los años y mi vida ya no es lo que era. Aquella fue la primera vez. El primer clímax. Todo eso era antes de que esto se volviese más intenso, más necesario. Ahora soy todo un profesional en el tema.

Y el caso es que ésa sensación extrema, ése delicioso arrebato… aún no ha desaparecido. Ése instante, el de la penetración, sigue siendo algo celestial.

Es algo extraño. La bocas ajenas, digo. Es un sitio íntimo y a su vez muy transitado. Siempre lo he pensado. Pienso demasiado, supongo. Y eso que mi trabajo no consiste en pensar. Pero es que las cosas han cambiado mucho. Ahora esto es serio.

Ahora tengo este trabajo. Suena extraño pero, de repente, me puedo dedicar a esto.

Me pagan… y muy bien. No sabía a ciencia cierta quién era mi “jefe” si es que se le podía llamar así. Pero mi trabajo consistía en hacer lo que más me gustaba y eso, hoy en día, es un milagro.

A veces me explicaban de qué iba la cosa. Ya sabéis: para que pudiese conectar con ellos con facilidad. Otras no me decían nada y tenía que volver a viejas artimañas. Y a veces era realmente complicado: ya no era sólo en los cuartos de baño de bares alejados. Ahora podía ser en plena calle, en un callejón oscuro, en un hotel de lujo…

Empecé, como es lógico, por mujeres. Pero con el tiempo aprendí que si no tenías la oportunidad de encontrar una mujer… había hombres. Algunos perdidos y otros simplemente borrachos. Pero a mí me daba igual. Yo seguía buscando incesantemente ése instante irrepetible. El éxtasis fugaz al que me sentía enganchado. Siempre igual y siempre diferente.

El de hoy era un hombre.

Ya llevaba tiempo un tiempo sin hacerlo. Y volvía a sentir el vacío en mi interior. Una oscuridad que parecía dispuesta a devorarme. Profunda. Aterradora. El encargo llegó en el momento exacto.

El hombre iba trajeado. Un traje azul muy oscuro pero de reflejos brillantes. Hipnotizaba. Llevaba un bigote poblado pero estilizado y unas gafas de pasta de color azabache. Era alguien importante. Muy importante.

Hablaba animadamente con el camarero. Más animadamente de lo que supone una copa. Animadamente del tipo cinco o más. El camarero me miraba cómo suplicándome que se lo quitase de encima y yo reía con sorna. Él le hablaba de su negocio. De cómo acababa de cerrar un trato con una compañía japonesa muy importante. El camarero le puso otra. Y entonces ataqué.

Me costó algo más de lo habitual pero con paciencia y una sonrisa perenne e inocente le convencí para enseñarle algo en la parte trasera del bar. Una vez allí le conté un chiste. Dibujó una sonrisa. Me saqué la petaca y le invité a un trago. La dejó vacía.  Le agarré del hombro y con suavidad pero con firmeza le guie hasta la altura de mi cintura.

El corazón volvía a palpitar poseído. Sudor y excitación empapaban mis músculos. Me temblaban las extremidades. Me invadía la euforia de las sensaciones extremas. De las de vida o muerte. Todo era ése instante. Mi vida era la búsqueda de ése momento, ésa fractura temporal en la que podía ser realmente yo mismo.

Se la clavé en la boca. Rápido. Fugaz. Lleno de ira. Y corroboré que el instante seguía sin perder un ápice de su intensidad. Cuando se la introducía y tocaba cada uno de los músculos de su boca. Cuando la movía y sentía su lengua… su dificultad al respirar…

Veía en su rostro el miedo y las gotas de sudor que le caían garganta abajo. Y yo dibujaba una sonrisa. Diabólica. Celestial.

Entonces completé el ritual. Clímax. Éxtasis.

Apreté el gatillo.

No escuché el disparo. Sus sesos se esparcieron por la sucia pared de su espalda. Sus ojos abandonaron el miedo. Y la vida.

Y yo abandoné el irrepetible instante de placer eterno. De nuevo.

Por: @FrancescMiro

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s