¿Quién recibirá el legado de Miyazaki?

El problema de la sucesión en Ghibli

Este es un mes muy importante para Studio Ghibli. Se abren nuevos caminos difíciles y extraños para la compañía a la vez que se cierran etapas consolidadas. El mismo mes que se cumplen 25 años de “Mi vecino Totoro”, el mismo mes que se presenta lo nuevo de la compañía en Venecia (“The Wind Rises”), Hayao Miyazaki se retira.

No es la primera vez que Miyazaki anuncia su intención de dejar el cine. Ya lo hizo en 1994 cuando, mediante insinuaciones en consecutivas entrevistas, declaró que no podía seguir el ritmo de trabajo que, hasta entonces, tenía en la compañía. “Me gustaría retirarme antes de que alguien me lo sugiera, al final todo se reduce a lo que puedes exigirte a ti mismo”, dijo entonces. El año 1997 Miyazaki estrenó “La princesa Mononoke” pero a pesar del éxito de la producción, su realización y posterior promoción le volvió a dejar exhausto. Fue entonces cuando empezó de nuevo a sugerir que había llegado el momento de jubilarse.

Cartel-HAYAO-MIYAZAKI-II

A pesar de que entonces Miyazaki no se retiró el director no ha bajado su ritmo de trabajo estos últimos años. Durante la producción de “El viaje de Chihiro”, sufrió una lesión en la mano debido al exceso de bocetos que había hecho para el film. Pero sin bajar el ritmo, dirigió “El castillo ambulante” y “Ponyo en el acantilado”. Y después escribió “Arrietty y el mundo de los diminutos” y “La colina de las amapolas” dirigida por si hijo. Además del problema de su vista (su talón de Aquiles, según él) el director fuma aproximadamente 30 cigarros al día. Y tiene 72 años.

Sumado al anuncio de su próxima rueda de prensa en Tokio podemos pensar que ésta es la definitiva.

Hayao Miyazaki es el pilar fundamental de Studio Ghibli junto con su amigo Isao Takahata. Y sus películas son, y han sido, el aporte de recaudación principal de la compañía. Así pues, puede que Studio Ghibli se enfrente por fin a su principal desafío. El problema de la sucesión.

En 1992, enfrascados en la producción de “Porco Rosso”, el estudio tomó por primera vez la decisión de encargar un nuevo proyecto a un director ajeno: un film para televisión llamado “Puedo escuchar el mar” dirigido por Tomomi Mochizuki. Un buen intento de otorgar a una oportunidad a jóvenes trabajadores del estudio. Tras la experiencia (sin arriesgar demasiado, puesto que iba dirigido a la pequeña pantalla, el estudio volcó sus esfuerzos en “Pompoko”, tal vez la película más extraña de Ghibli y también la más personal de Isao Takahata.

Fue  entonces (1994) cuando Miyazaki hizo saber su intención de retirarse. Era el momento de enfrentarse a la falta de otra una figura competente que sustituyese a éste si decidía marcharse. El lógico candidato era, sin duda, Yoshifumi Kondo, mano derecha como animador de los dos grandes del estudio desde hacía años.

Así, Kondo debutó con “Susurros del corazón”, obteniendo buenos resultados de taquilla y el favor de la crítica. El Davidfilm, innovó por partida doble dentro del estudio por ser el primero que utilizaba la composición digital. Pero, a pesar de lo que pareciese, Miyazaki seguía siendo la mano oculta en el proyecto: Él se encargó del guion y el storyboard.

Después de “Susurros del corazón”, Miyazaki estrenó “La princesa Mononoke” permitiendo una inyección de capital a la compañía sin precedentes. Pero como ya hemos dicho, el proyecto le dejó extasiado y, de nuevo, Miyazaki puso en la mesa la intención de abandonar.

Fue entonces cuando de repente la compañía sufrió un gran revés. Yoshifumi Kondo, la promesa de sucesión, murió a los 47 años. Esto hizo reflexionar a Miyazaki sobre su extrema implicación en la producción de sus películas y sobre el futuro de la compañía sin él.

mossspiritedawayvararchive_thumbIntentando mejorar sus obsesivos hábitos de trabajo, continuó en la compañía que marchó bien durante unos años gracias a tibio estreno de “Mis vecinos los Yamada” pero sobre todo al arrasador éxito de “El viaje de Chihiro”. Oso de Oro en Berlín y Oscar en EEUU (que no recogió en persona, como protesta por la invasión de Irak) se sumaron a los 275 millones de euros de recaudación.

Pero Ghibli seguía teniendo un problema en la raíz de su industria. Así, se sucedieron nuevos intentos de catapultar talentos jóvenes dentro de sus filas. El año 2002 se estrenó “Haru en el reino de los gatos”, pseudocontinuación dirigida por Hiroyuki Morita de “Susurros del corazón”. El film de Morita triplicó en ganancias al de Kondo, algo que parecía una buena noticia, ¿verdad? Pues por problemas (desconocidos) entre el personal del film y los dirigentes de Ghibli, Morita pasó a no ser el candidato que estaban buscando.

El objetivo de la compañía de encontrar un nuevo talento incipiente, la llevó a proponer a Mamoru Hosoda para dirigir “El castillo ambulante”, como ya os contamos, aquí, aquí y aquí ;). Las desavenencias entre Hosoda y Ghibli llevaron el proyecto hasta manos de Miyazaki, de nuevo. El problema persistía, pues.

Fue entonces cuando el director de la compañía (Toshio Suzuki) encargó el nuevo proyecto de la compañía a Goro Miyazaki, hijo de quién ya sabéis. El estreno de “Cuentos de Terramar” estuvo rodeado de polémica, puesto que Miyazaki padre se había opuesto frontalmente a que su hijo dirigiese el film, tachándole de incompetente e inexperto.

A pesar de que los films de otros directores funcionaban en taquilla, ninguno alcanzaba la repercusión de los de sus directores estrella. A día de hoy, Isao Takahata tiene 78 años y Miyazaki, recordemos, 72. Ambos están cansados y el estudio necesita un relevo generacional que se truncó con Kondo, fracasó (secretamente) con Morita, y no llegó ni a materializarse con Hosoda.

Aun con la polémica de Miyazaki hijo tras su anterior film, el estudio confió en él de nuevo y éste dirigió “La colina de las amapolas” tutorizado por su padre.

¿Pero, está el problema de la sucesión de Ghibli solucionado con Goro Miyazaki?

Por un lado, en 2010 Hiromasa Yonebayashi dirigió “Arrietty y el mundo de los diminutos” con una taquilla notable pero de nuevo con guion de Miyazaki.

Por otro; en la actualidad el estudio ha vuelto a apostar por sus directores fetiche una vez más: Miyazaki ha estrenado en Venecia la que será su última obra (“The wind rises”) y Takahata estrenará en breves “The Tale of Princess Kaguya”.

Esto nos hace pensar que Ghibli se encuentra en una gran encrucijada. El fantasma de Miyazaki ha estado detrás de los proyectos de jóvenes directores como si no terminara de confiar en ellos. A día de hoy no ha apostado por un cambio de trayectoria, todo recae, de una manera u otra, en los mismos hombros.

La retirada de Hayao Miyazaki, coincidiendo con el año conmemorativo del estreno de “Mi vecino Totoro”, cierra una trayectoria impecable como realizador. Pero su marcha no es una noticia buena para una compañía que, a pesar de ser de una inmensa genialidad, sigue anclada en su pasado. Ha ido adoptando decisiones más o menos erróneas, pero nunca ha apostado fuerte por un nuevo talento.

Goro Miyazaki, parece, a simple vista, la primera opción como sucesor, pero las dudas persisten y es el momento de que Studio Ghibli evolucione interiormente y abra sus puertas a realizadores jóvenes como han hecho otras casas japonesas (Mahdouse) o estadounidenses (Pixar).

A la espera de ver “The wind rises” solo nos queda esperar que tomen la decisión correcta en su nuevo rumbo. Despidamos a Miyazaki como al gran maestro que es pero abracemos a las nuevas generaciones del talento. Ése es el futuro. El único posible.

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