Elysium

La unión de crítica social y ciencia ficción es, desde que el género es considerado como tal, algo inherente a muchas de sus obras. No en vano, la mayoría de las películas consideradas cumbre intentan, con recursos de ficción futura, realizarelysium_ver2_xlg alegorías sobre su presente (ya sea en obras de Phillip K. Dick o films precursores como “Metrópolis”).  Afirmar que Blomkamp ha revolucionado el concepto de ciencia ficción actual uniendo la lucha de clases y la acción futurista es confundir conceptos.

La lucha de clases que plantea “Elysium” no es más que su premisa. Su esencia está lejos de la crítica mordaz.

Blomkamp sorprendió a medio mundo con una de las óperas primas más punzantes de los últimos años (Hablamos de District 9 aquí). Sobre él cargaba el peso del agravio comparativo de cara a su siguiente obra. Tal responsabilidad no hacía más que aumentar las expectativas, más aún si su nuevo film iba cargado de un buen aparato de promoción, un presupuesto holgado y dos estrellas en su cartel.

Pero todos sabemos que el origen de toda desilusión es una expectativa exagerada.

“Elysium” es el nombre de la estación espacial en la que vive la gente adinerada del año 2159. Allí no hay contaminción, ni guerras ni enfermedades. Sin embargo, el resto de la humanidad sobrevive en una Tierra empobrecida y devastada. En ella vive Max Da Costa (Matt Damon), un exconvicto que intenta alejarse del mundo del crimen trabajando como un esclavo. Hasta que, de repente, sufre un accidente en su puesto de trabajo. Entonces Max se verá forzado a aceptar un último trabajo ilegal: colarse en Elysium para curarse.

Las diferencias entre ricos y pobres, el acceso a una sanidad universal, la inmigración y la corrupción política son las premisas de “Elysium”. En base a ellas, Blomkamp podría haber creado un producto que supurase crítica. Un film que hablase sobre la situación real que vive una persona forzada hasta sus límites por los engranajes del poder.

No obstante, Blomkamp ha preferido hacer un film de acción de desarrollo al uso con buenos efectos especiales. El gran presupuesto no ha ido dirigido a pulir un guion elaborado que justificase el despliegue de tales. Y su componente de denuncia social se ha convertido en una premisa diluida e inofensiva que intenta tapar huecos argumentales. Y también vender.

“Elysium” escoge el camino fácil: entretenimiento puro y duro. Sus personajes encarnan funciones (el héroe a su pesar, la amante indefensa, la mala en la sombra y su brazo ejecutor), no prismas psicológicos. Su guion es plano y previsible. Su banda sonora fácil y sin ningún tema reconocible. En definitiva, todo lo que podemos encontrar en un film de acción al uso. No busquéis en su historia más de lo que ofrece como blockbuster veraniego. No esperéis de ella más de lo imprescindible.

Elysium

Si así lo hacéis encontraréis un buen film de ciencia ficción y acción cuyo sentido del ritmo consigue crear el tempo adecuado. Cuya mayor parte de metraje impacta en tanto que descubre su trampa. Cuyas peleas se tornan directas y suciamente estilizadas. Y sobre todo, cuyo sentido estético está muy por encima de propuestas del género actuales. Un buen entretenimiento: competente producto de acción futurista que, si no fuese acompañado de pretensiones críticas, se entendería como lo que es. Y no sería juzgada tan gravemente.

Lo mejor: Su sentido del realismo en sus efectos especiales.

Lo peor: Que se espere, erróneamente, más de ella.

Por: Francesc Miró.

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