Saber perder

“El buscavidas” y “El color del dinero”

“¿Cómo puedo perder? No es suficiente con tener talento. Hay que tener carácter también. Sí, ahora sé lo que es tener carácter. Lo adquirí en una habitación de hotel en Louisville.”

Eddie Felson. El buscavidas (1961)

464dbedaceebb8ef106b7b88c4cb34bb

La vida, como bien sabía Eddie Felson, es saber perder.

Uno cree que no, que la vida se vive mejor cuando se gana. Que el placer de la vida está en las victorias, esos instantes extraños en que uno cree haber descubierto de qué está hecho. Pero el triunfo es tan efímero que, cuando la exaltación pasa, volver a la vida normal cuesta mucho más. Es como haber estado en el edén y luego tener que conformarte con el vertedero que es tu ciudad.

Como cuándo el equipo de tu país gana el mundial de fútbol y tú estallas en júbilo en el bar y sigues sonriendo hasta llegar a casa, donde tu mujer te espera con una pobre cena. Estás en el paro y que tu equipo gane el mundial, a ti no te repercute en nada.

Ése bofetón. Ése volver a la realidad es el resumen de tu vida. Y la de todos.

Incluso la de Eddie Felson, el protagonista de “El buscavidas” y “El color del dinero”.

Paul Newman nos dejó una tarde normal de un 26 de septiembre normal de un año normal: 2008. Pronto harán cinco años de su muerte y aun nos persigue su mirada al repasar su filmografía. Nadie nos ha mirado así desde el otro lado de la pantalla. Nadie.

Él nos miró como lo haría Eddie Felson. Y lo hizo en dos ocasiones distintas. Dos miradas distintas. La primera fue en el año 1961 cuando el director en horas bajas Robert Rossen adaptó la novela “El Buscavidas” de Walter Tevis que narraba los inicios en el mundo del billar de Felson. La segunda fue en el año 1986 cuando el escritor le entregó a Paul Newman una novela que narraba las andanzas de Eddie Felson 25 años después de la primera y que éste dejó en manos de nada menos que Martin Scorsese.

“El Buscavidas” (1961)

Paul Newman venía encadenando buenos estrenos desde “Marcado por el odio” y su carrera empezaba a despuntar. Su fama de sex symbol también iba en aumento y él buscaba personajes dramáticos que dieran profundidad a su carrera.

Apenas unos años antes el Comité de Actividades Antiamericanas de McCarthy había puesto entre la espada y la pared a Robert Rossen, director de cine abiertamente progresista, al obligarle a confesar nombres de miembros del Partido Comunista. La negativa de Rossen le condenó a unos años de exilio del éxito. Como todo, finalmente las tuercas se apretaron más de la cuenta y Rossen confesó.

Recuperado su estatus, el director filma “Llegaron a cordura” que supone un auténtico batacazo en taquilla. Experimentada la desazón de sentirse traidor y a su vez desdichado en su trabajo, Rossen cambia de perspectiva. Era el momento de emprender un proyecto personal que, por un lado, le redimiese emocionalmente de su culpabilidad y que, por otro, consiguiese impregnar en el espectador el pesimismo que él sentía por su país en aquel momento.

Encontró en la novela de Walter Tevis una visión muy particular de la redención y el perdón a uno mismo. El saber perder inherente al personaje de Eddie Felson era lo que necesitaba contar Rossen.

Así nació “El Buscavidas”. De la necesidad.

La película nos cuenta los primeros pasos de Eddie Felson, un joven inquieto y atrevido que se gana la vida haciendo pequeños timos en apuestas de billar. Felson sólo tiene una meta: el éxito. Pero para alcanzarlo Eddie “El rápido” (Paul Newman) deberá vencer al “gordo de Minnesota” (Jackie Gleason), un legendario campeón del billar. En su camino, Felson conocerá a Sarah (Piper Laurie), una joven que ahoga su cojera y su fracasada carrera literaria en el alcohol. Ella le cambiará. Tarde, aún a su pesar.

Impregnando cada plano de su film con la oscuridad que Rossen sentía, “El buscavidas” se erige como una obra maestra de la ambientación. La fotografía de Eugene Shuftan nos envuelve de humo y olor a whisky JTS Brown. Nos hace partícipes del sórdido mundo de la vida de bar y nos pega esa soledad de la compañía de desconocidos, como si de un cuadro de Edward Hopper se tratase. A su vez la música jazz flota en el aire y el suave sonido de las bolas de billar sobre el tapiz se hace omnipresente.

Pool-Cue-Depot

“El buscavidas”, en definitiva, recorre psicológicamente a su personaje protagonista para hacer de él una radiografía. Una imagen que analiza, por otra parte, el sentido del éxito y el fracaso en la vida de una persona.

Paul Newman encarna toda la evolución de un personaje complejo con la naturalidad y la implicación personal que se exigía a si mismo. No actuaba, eso le quedaba corto. Y eso se plasma en el papel. Eddie, como todos, tropieza y vuelve a tropezar con la misma piedra. Paul hace que veamos que la naturaleza humana nos hace cavar nuestro hoyo. Y que en lugar de intentar salir de él, seguimos cavando y cavando, sin preocuparnos por nada. Hasta que, sin previo aviso, alguien empieza a tapar el hoyo desde fuera y nosotros vemos caer la tierra sobre nosotros sin poder salir.

Desde el otro lado de la pantalla Paul nos mira y vemos en sus ojos su inmadurez, su falta de experiencia. La vida le depara más de un revés a Eddie Felson. Y nunca se está preparado.

the-hustler-original

Son los golpes, los fuertes golpes emocionales, los que nos hacen reaccionar. Es la pérdida y el fracaso lo que nos hace crecer como personas. Todo, como decía, es cuestión de saber perder.


“El color del dinero” (1986)

25 años después de “El Buscavidas” Walter Tevis se preguntó cómo sería Eddie Felson 25 años más viejo. Escribió entonces “El color del dinero” para narrar la madurez del personaje que le había dado la fama. Que era su propia madurez. Lo hizo en el 84, el mismo año que murió. Por suerte, la novela llegó a manos de Paul Newman, que, entronado ya como una de las figuras vivas más importantes de Hollywood, quiso poner en marcha la adaptación cinematográfica.

Finalmente Newman le presentó el proyecto a Martin Scorsese, quien después de “Toro Salvaje” había rodado dos films que no habían triunfado tanto en la crítica estadounidense. Hablamos de “El rey de la comedia” y “After Hours” (traducida “genialmente” al castellano como “¡Jo, qué noche!”) dos films infravalorados en su momento.

Sin acobardarse ante el reto, Scorsese puso en marcha “El color del dinero” sabiendo el enorme peso que cargaba en sus hombros: “El buscavidas” estaba absolutamente encumbrada, y realizar una secuela era casi un suicidio.

“El color del dinero”, pues, no obtuvo el reconocimiento que se merecía. Muchos tacharon de osadía insensata un film que nunca estaría al nivel de “El buscavidas”. Pero ¿pretendía Scorsese emular el film de Rossen?

“El color del dinero” nos sitúa 25 años después del desgarro emocional de su antecesora. Eddie Felson (de nuevo Paul Newman) es un aburrido comerciante de Whisky alejado del billar. Su vida es gris y tan solo le importa el dinero. Hasta que un día, por casualidad, observa jugar a Vincent Lauria (Tom Cruise), un joven alborotado, viva imagen de él, que no encuentra rival al coger el taco. De pronto el fuego, apagado durante años, reaviva la pasión de Felson que decidirá enseñar todo lo que sabe a la joven promesa.

colourofmoney

Como ya hizo Rossen en su momento Scorsese pretene ahondar psicológicamente en el personaje de Eddie Felson. Esta vez para contar cómo ha evolucionado y crecido como persona.  A través de su joven socio, Felson conseguirá redimir sus pecados y volver a levantarse, una y otra vez, luchando contra el paso del tiempo.

Scorsese actualiza la ambientación de las salas de billar adaptando las partidas a las nuevas tecnologías de grabación. El seguimiento del recorrido de las bolas, los planos secuencia de jugadas magistrales, los rápidos zoom backs característicos de la época y la cuidada iluminación, hacen que el film esté más centrado en el billar de lo que lo estaba su antecesora.

Al menos en su mayor parte, puesto que el choque generacional hace que el personaje cambie. Cambiando así el tono coral del film. El realizador italoamericano nos muestra como la importancia de saber ganar y saber encajar las derrotas es tanto más importante que el dinero que se juega en cada partida.

the_color_of_money_

“El color del dinero” no es una obra menor que “El buscavidas”. Es su contrapunto. No sólo, como cabría esperar, por esa mirada a la vejez y el paso del tiempo que nos dedica Newman en la piel de un cansado y posteriormente renovado Felson.

También se erige como perfecto complemento por ser lo que son: el cine y la época que cada una representa. El tiempo ha pasado para Felson y también para el mundo. Las maneras del cine de los sesenta no son las del cine de los ochenta. Los ambientes no son los mismos, la música no es igual.

Pero lo que se mantiene imperturbable es el hombre. Dispuesto a caer una y otra vez. A cometer los mismo errores de siempre. Y a saber que crecemos cuando perdemos, no cuando ganamos.

Porque la vida, como bien sabía Eddie Felson, es cuestión de saber perder.

the-color-of-money-5073353e035fa

 “― Déjate ganar como un profesional. Valdrá la pena.

― Pero… ¿Por qué dejarme ganar? ¿Por qué?

―Porque si pierdes ahora, nadie te conocerá en Atlantic City…”

El color del dinero (1986)

Anuncios

Un comentario en “Saber perder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s