Ahora me ves

El producto empaquetado y prefabricado puede gustar tanto más que el original. A más de uno le gusta más la receta del “Ali-oli” de Hacendado que la de su suegra. Louis Leterrier es uno de esos directores de producto empaquetado, más preocupado por cumplir ante el estudio y la taquilla, que por descubrir algo nuevo al espectador. Perlas del entretenimiento vacuo como “Transporter” 1 y 2, o “Furia de Titanes” decoran su filmografía encarrilada al film de sábado sin demasiado sentido.

Ahora me ves” es uno de esos estrenos. Entretenimiento, giros, alguna risa y poco más. ¿Hay algo de malo en eso?now_you_see_me_xlg

“Ahora me ves” nos cuenta la historia de “Los 4 jinetes”, cuatro magos que durante sus actuaciones son capaces de robar bancos a miles de kilómetros de distancia. ¿Cómo lo hacen? Eso es lo que tendrá que descubrir el agente del FBI Dylan Rhodes (Mark Ruffalo) si quiere atraparlos.

A menudo el espectador busca un cine que le haga pensar y sentir. Un cine que le emocione o le sorprenda. Pero más a menudo aún, el espectador huye como de la peste de cualquier cosa que huela a transcendencia. Y eso no tiene por qué estar mal.

Al fin y al cabo el cine es un estado de ánimo.

Leterrier lo sabe. Y ofrece exactamente lo que parece ofrecer. Así, “Ahora me ves” es un estimable producto veraniego que entretiene mediante un guion plano doblado y redoblado. Un montaje vertiginoso lleno de planos secuencia imposibles y mareantes que dan la medida de lo que son: Espectáculo.

A pesar de tener a nombres tan respetables en su cartel como a Michael Caine o Morgan Freeman, “Ahora me ves” se centra es sus protagonistas jóvenes: un Jesse Eisenberg lejos de la minimalista excentricidad de “La red social”, otro Mark Ruffalo comedido y encorsetado y una sorprendentemente descolocada Mélanie Laurent, a la que muchos recordarán terriblemente vestida de rojo para “Malditos Bastardos”.

En base a estos “Ahora me ves” construye un enorme engaño que funciona bien siempre y cuándo se mantiene fresca y sugerente. Como todo truco de magia, el film seduce al espectador y lo entretiene para que fije su atención en elementos secundarios. Así, cuándo las sucesivas sorpresas revelen su trampa, el espectador ya estará deseando el próximo truco.

El problema esencial es que en la magia, como en el cine, no todo es puesta en escena. Más allá del efecto sorpresa, más allá del giro y la pirotecnia que acompaña a la actuación, el espectador debe sentir el nervio de antes de saber el final. “Ahora me ves” pierde su nervio a base de falta de originalidad y giros irracionales.

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Como bien nos enseñó Nolan en la excelente “El truco final: El prestigio”, lo difícil no es hacer desaparecer algo sino hacerlo reaparecer. A medida que avanza, “Ahora me ves” hace desaparecer un conejo para luego hacer reaparecer una liebre. Y ahí, señores, no hay truco que valga.

Lo mejor: El papel de Woody Harrelson que nos recuerda ante qué tipo de producto nos encontramos.

Lo peor: Que el engaño propuesto por el film ni engañe, ni sorprenda.

Por: @FrancescMiro

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