La mejor oferta

La autenticidad de lo falso

“Siempre hay algo auténtico oculto en toda falsificación” reflexiona uno de los protagonistas de la última película de Giuseppe Tornatore, puesto que el autor de la falsificación nunca puede resistirse a dejar su huella. Por nimia o imperceptible que parezca.

Tornatore piensa a través de su personaje y reflexiona sobre el arte y el papel del autor en un juego metaliterario en el que seLa_mejor_oferta-747915561-large habla a sí mismo. Y al espectador, al que parece decirle “Esto es un thriller, pero es MI thriller”. Y como film de Tornatore será un thriller, pero un thriller asentado sobre la emoción y la melancolía. Un drama romántico lleno de drama y de romance. Pero no nos engañemos, a todos nos gustan los dramas románticos0 si están bien hechos.

“La mejor oferta” nos cuenta la historia de Virgil Oldman (Geoffrey Rush), un hombre solitario y malcarado. Un agente de subastas adinerado. Virgil no conoce el amor, ni muestra ningún sentimento afectivo. Él vive para su trabajo y ama el arte por encima de cualquier cosa. Hasta que, un buen día, se cruza en su vida Claire Ibbelson (Sylvia Hoeks), una misteriosa joven que debido una extraña enfermedad psicológica nunca se deja ver.

Virgil (Rush), además, es experto en arte y como tal es consultor para grandes firmas: él puede reconocer obras susceptibles de ser falsas. Sobre esta premisa, Tornatore somete su espíritu romántico a un thriller sobre el arte de falsificar. Un juego de piezas que encajan conforme avanza en metraje, siempre manteniendo las formas elegantes y el aire novelesco.

Se trata de un film que se engaña a sí mismo, a la vez que engaña al espectador con segundas intenciones. Amaga sus virtudes entre giros de guion que muestran que, debajo del aspecto de thriller convencional, hay una historia de amor. Y debajo de esta historia de amor, el misterio.

Es pues su guion su principal enemigo. Un libreto que no consigue adoptar un ritmo concreto. Avanza y recula, vacila y hace vacilar al espectador, que no sabe a qué atenerse.

Geoffrey Rush borda un papel que parece hecho a su medida. Comedido y alejado del estrafalario al que parecía haberse encarado su carrera, Rush consigue un personaje fantástico. El mejor personaje del film, cuyo peso dramático le lleva a experimentar todas las emociones que comporta el descubrir el amor por primera vez. Con la dificultad añadida de la edad del protagonista y su problema para el trato físico con los demás. Rodeado de secundarios competentes, e incluso alguno sorprendente (esa enana superdotada de la cafetería), Rush eclipsa las actuaciones de los jóvenes de la función (Jim Strugess y Sylvia Hoeks) y tan solo encuentra rival cuando comparte escena con Donald Sutherland.

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En definitiva, una sutil reflexión del director de aquella obra maestra llamada Cinema Paradiso. Un ejercicio de pensamiento sobre el arte en general que nos recuerda aquello que nos contaba Rodrigo Cortés: que el arte del cine es el mismo que el arte del engaño.  Y el de la falsificación, según Tornatore.

“¿Qué cómo es vivir con una mujer? Pues se parece bastante a participar en una subasta, nunca sabes si la tuya es la mejor oferta.”

Lo mejor:  Rush y la banda sonora de Ennio Morricone. El mejor compositor vivo. Por mucho que digan de John Williams.

Lo peor: Su ritmo y la poca credibilidad de sus giros.

Por: @FrancescMiro

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