Vida y muerte

Hace cinco minutos que estoy muerto. Una enfermedad. Pero lo agradezco, la verdad, cuando tienes 87 años y llevas muchos combatiendo una enfermedad, la muerte es un paso más, algo que deseas, una vía de escape para al fin descansar.

Quiero aprovechar para desmentiros algunas cosas sobre la muerte. Seguramente, muchos habréis oído eso de que tu vida pasa ante ti como una película, en dos segundos.

Es mentira.

Dura más. Es como un corto, de unos 5 minutos y 27 segundos, para ser exactos. Puede parecer poco para una vida de 87 años, pero no hace falta más tiempo. A fin de cuentas, son una sucesión de flashes, no escenas completas. Y cuando lo miras, comprendes que una vida no da para hacer tantas cosas importantes como nos creemos.

Es muy emotivo.

Si no fuera porque soy un ente incorpóreo (un alma, para entendernos) lloraría. Pero no puedo.

Mejor no me ando por las ramas, voy a seguir con mi narración. ¿Os acordáis de lo de la luz al final del túnel?

luz-al-final-del-tunel

Es mentira, también.

Está oscuro. Es cierto. Y hay una luz muy débil al final. Es cierto, también. Pero no es un túnel, es una escalera. Una escalera que parece interminable. Si tuviera cuerpo, estaría fatigado. Y nervioso, muy nervioso. Pero cuando no tienes cuerpo, no puedes sentir nervios. Sí, la verdad es que es un poco estúpido que haya una escalera cuando no se tiene cuerpo para usarla. Pero yo no soy el arquitecto de esto.

Tiempo. ¿Cuánto tiempo llevo en esta escalera? ¿Pasa el tiempo en este lugar?

No lo sé. Realmente no sé nada del lugar dónde me hallo. ¿Hacia dónde voy? Inopia pura y dura. Pero, aunque no lo sepa, sé que tengo que seguir adelante. Acercándome poco a poco hacia la luz. Supongo que aunque esté muerto, conservo algo de intuición. Se ve que será algo inherente al cuerpo.

¿Qué habrá al final? ¿Qué me espera?

Nada. No hay nada. Para ser más exactos: es la nada. Es como un folio en blanco que no tiene final. Supongo que es lógico que la nada se identifique con el blanco.

No me había percatado, pero había alguien esperándome. ¿Mirándome? Pero, si no tengo cuerpo, ¿cómo puede mirarme?

Era una mujer anciana, llena de arrugas. Tenía el pelo y el vestido largos y blancos.

—Acércate, no tengas miedo.

¿Miedo? ¿Se puede sentir miedo sin un cuerpo? Me acerqué a ella. Tenía una cálida sonrisa. Inspiraba confianza.

—Como te puedes imaginar por mis aspecto, soy dios— dijo con total normalidad.

—Pero, ¿el…bueno, la diosa de los cristianos? — Pregunté.

—¿Importa eso? Todas las religiones adoran a un creador, bueno, soy una creadora, más bien, pero el mundo siempre ha sido demasiado falocéntrico; así que es lógico que si hay alguien que lo haya creado todo, sea la misma “persona”, por así decirlo. No importa cómo lo llamen o cómo expresen su fe. Pero no estamos aquí para hablar de eso. Supongo que tendrás más preguntas.

Al final de sus palabras siempre había una sonrisa.

—Demasiadas, supongo. ¿Qué es esto? ¿Qué hago aquí? ¿Qué me espera?

—Veo que no te contienes ¿eh? — Volvió a sonreír. Si tuviera cuerpo, me habría ruborizado. —Veamos, esto es un lugar de paso, de paso entre una vida que acaba y otra que empieza. Seguimos, supongo que de donde vienes usáis el concepto “alma” —asentí— nunca me ha gustado, pero allá vosotros. Cuando el ser humano evolucionó, me di cuenta del logro que había conseguido y los doté de una “esencia”, que suena mejor que alma. Creé un número limitado. De modo que cuando moría una persona, su esencia llegaba a este lugar de paso, le borraba sus recuerdos y la devolvía al mundo, a un recién nacido. Evidentemente, tuve que crear más porque la población aumentó a pasos agigantados. Pero no te preocupes porque ya no recuerdas nada de esto.

Sonrió.

—¿Cómo? —pregunté desorientado.

Volvió a sonreír. Yo tenía la sensación de que estaba jugando conmigo y eso no me gustaba.

—¿Tienes alguna pregunta más?

—Sí, supongo que es la gran pregunta cuando uno llega aquí: ¿Para qué vivimos?

—Es curioso. Siempre os borro la memoria y siempre hacéis la misma pregunta. Desde mi punto de vista vivís para morir. Pero no soy yo quien ha de dar sentido a vuestras vidas, es algo que tenéis que hacer vosotros.

Sonrió e hizo un gesto con la mano.

En una zona remota del mundo, un llanto de bebé se hacía audible tras nacer.

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Un comentario en “Vida y muerte

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